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Ver versión completa : Juan Pablo II ha pasado a los brazos del Padre


David Flemming, SM
03-04-05, 10:20:30
Roma, 2 de abril de 2005


Mensaje a todos los miembros de la Compañía de María

Queridos hermanos:

Nos sentimos unidos a todos los cristianos en este momento, triste e
importante, del fallecimiento de Su Santidad el Papa Juan Pablo II. Le
agradecemos su servicio a la Iglesia y a los hombres y mujeres de nuestro
tiempo. Reconocemos su compromiso e insistencia en favor de una nueva
evangelización, así como su contribución en favor de la paz, del desarrollo,
y del respeto a los derechos humanos.

Como marianistas le agradecemos el que haya reconocido y proclamado el
modelo de santidad vivido por nuestro Fundador y por nuestros mártires.

Pedimos al Señor y a la Virgen María Madre por Juan Pablo II. Tras una
larga vida de servicio, sabemos que el Padre celestial le ha acogido en su
seno

Al mismo tiempo rezamos por la Iglesia, para que el Espíritu Santo la guíe
en la elección del nuevo Pontífice. Rezamos por el nuevo Papa y por su
misión. Desde este momento le ofrecemos nuestra fidelidad y colaboración.

Oremos de modo particular por la intercesión del Beato Padre Chaminade,
nuestro Fundador. Él nos enseñó a amar a la Iglesia sin reservas y a ofrecer
un testimonio, como lo hizo María, de sencillez, delicadeza y solidaridad,
sin excluir a nadie en nuestro deseo de formar en la fe a personas y a
comunidades.


Fraternalmente,



David Joseph Fleming, s.m.
Superior General

1
Roma, 2 April 2005


Message to all members of the Society of Mary



Dear Brothers,

We are at one with all fellow-Christians at this sad and important moment of
the death of Our Holy Father Pope John Paul II. We are deeply grateful for
his service to the Church and to the men and women of our time. We are
inspired by his commitment to a new evangelization, as well as by his
contribution in favor of peace, development and human rights.

As Marianists, we are especially thankful for his recognition and
proclamation of our Founder and our martyrs as models of Christian holiness.

We pray the Lord and the Virgin Mary for him. At the end of a long life of
service, we are confident that the heavenly Father has welcomed him into His
presence.

At the same time, we pray especially for the Church, for the guidance of the
Holy Spirit in the choice of new leadership for the years ahead. Already
now we pray for the new Pope and for his mission, and we pledge to him our
fidelity and collaboration.

Let us pray for the Church at this time through the intercession of our
Blessed Founder, Father Chaminade, who taught us to love the Church without
reserve and to offer the witness of a Marian style of simplicity,
gentleness, and solidarity, including everyone in our desire to form persons
and communities in apostolic faith.

Fraternally,


David Joseph Fleming, s.m.
Superior General

1
Bien chers frères,

Nous sommes unis avec tous les chrétiens au moment du décès de Notre Saint
Père le Pape Jean-Paul II. Nous nous sentons profondément reconnaissants,
tant pour son service à l’Eglise, aux hommes et femmes de notre temps, que
pour son engagement en faveur d’une nouvelle évangélisation, de la paix, du
développement et des droits humains.

Marianistes, nous rendons grâce au Seigneur tout particulièrement pour sa
proclamation de notre Fondateur et de nos frères martyrs comme modèles de
sainteté chrétienne.

Nous intercédons pour lui auprès du Seigneur et de l'auguste Vierge Marie.
A la fin d’une longue vie de service, nous savons que le Père éternel l’a
accueilli en sa présence.

En même temps, nous prions spécialement pour l'Eglise, afin que
l'Esprit-Saint la dirige dans le choix du nouveau Pasteur pour les années
qui viennent. Nous prions dès maintenant pour le nouveau Pape et pour sa
mission, et nous lui promettons notre fidélité et notre collaboration.

Prions en particulier par l'intercession de notre Bienheureux Fondateur, le
Père Chaminade, qui nous a appris à aimer l'Eglise sans réserve et à lui
offrir le témoignage d’un style marial de simplicité, de délicatesse, et de
solidarité, sans exclure personne, et qui nous a insufflé le désir de former
des personnes et des communautés dans une foi vraiment missionnaire.

Fraternellement,



David-Joseph Fleming, s.m.
Supérieur-Général

Rafa Iglesias
15-04-05, 07:38:06
http://foros.marianistas.org/attachment.php?attachmentid=1505

CARTA DE JOSE MARIA ARNAIZ A LOS AMIGOS
En el adios agradecido a Juan Pablo II;
a la espera del nuevo sucesor de Pedro.


Nuestro querido José María Arnaiz, religioso marianista, que trabaja en Roma como Secretario General de la Unión de Superiores Generales, ha escrito una carta hermosísima, donde recoge la experiencia personal de los acontecimiento eclesiales vividos en la Ciudad Eterna desde el sábado 2 de abril, día de la muerte de Juan Pablo II, hasta estas horas de espera, en que el conclave está a punto de abrirse para elegir al nuevo Papa.

Es un documento de mucha calidad, de una persona que conoce muy bien la realidad de la Iglesia desde distintas perspectivas. Desde su garita privilegiada de la via de la Umiltá, cercana a la Basílica de San Pedro, contempla el ir y venir de personas de muchos rincones de nuestra Iglesia. Te invito a descargarlo y leerlo con atención. Son muy interesantes sus sugerencias sobre los desafíos que en este momento están delante de quien tenga que asumir la guia pastoral del Pueblo de Dios.

nanosm
17-04-05, 22:19:29
Al igual que José María Arnaiz, con el que comparto vocación y fascinación por Jesús y María, y por nuestra madre la Iglesia, puedo empezar mis vivencias del 2 de abril con sus mismas palabras, pues con él estuve, en Roma, la noche del día en que murió el Papa.

http://foros.marianistas.org/attachment.php?attachmentid=1525


La noche del sábado 2 de abril a las 9.37 moría Juan Pablo II. Me enteraba de esta noticia, ya esperada, una hora más tarde. Sentí no haber podido escuchar las campanas de San Pedro cuando tocaron para dar anunciar la muerte de Juan Pablo II. La información me llegó por móvil y desde Madrid. Al poco rato me encontraba en la Plaza San Pedro. La Plaza estaba llena; abundaban los jóvenes. Se rezaba el rosario. Después se tuvo una liturgia de la palabra centrada en la resurrección.

La gente, en la Plaza, se parecía poco a aquellos deudos o amigos que acuden a los tanatorios, a acompañar al finado o a su familia. En los tanatorios se habla de todo un poco, y poco del muerto, que está en una presencia velada. La gente fuma, se saluda tras tiempo de no verse, se cuenta los últimos chascarrillos. Afectados, propiamente, están los familiares. Algunas veces la muerte es vivida con fe, y en la celebración de las exequias, o si se celebra la eucaristía, se hace también presente el Dios de la Vida, Jesús resucitado. En la colina del Vaticano la gente rezaba, se veía afectada, revestida de gravedad, con una serenidad cariacontecida. Una presencia popular muy distinta a otras en las que me he encontrado allí, para celebrar la Pascua o el primer día del año, recibiendo la bendición urbi et orbe, o para asistir a una beatificación o a un día de jubileo.

Al llegar a San Pedro, ya en la vía de la Conciliación, el silencio era llamativo. Como si la presencia del Papa muerto lo invadiera todo, y estuviera a mano su cuerpo, tan cercano, junto con la conciencia de pena universal, católica, por su desaparición. Recuperé la sensación que tuve en otra ocasión muy distinta, mucho más trágica e incomparable: el silencio de Madrid el día del atentado del 11 de marzo. Parecía que nadie quería romper la magia del luto que, como una neblina que apaga cualquier brillo o estridencia, lo inunda todo. El silencio, en una plaza abarrotada, en la que tantas veces he escuchado el murmullo de la vida y de la fe, me sobrecogió y me pareció un signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

Era de noche. La fachada de la basílica, rosada, empalidecía por la luz tamizada de los focos. Belleza romana, estética litúrgica que conmociona. Las dos fuentes de la Plaza, con sencillez barroca, eran manantiales de luciérnagas. Miré hacia las ventanas de los apartamentos pontificios todas iluminadas, de una forma anormal, extraordinaria, en la noche. Ventanas abiertas que parecían mostrar un resplandor de excesiva luz. Me vino a los labios el salmo: tu luz nos hace ver la luz; y también, contempladlo y quedaréis radiantes.

Unas horas antes, y el día anterior, había ido a San Pedro para rezar por el Papa, para pedir para él consuelo y paz en la hora de su Pascua, para que no se prolongase su agonía. En ambas ocasiones me llamó la atención el número de fieles, el clima de oración reinante. Incluso los turistas monumentales, tan frecuentes, y los curiosos de experiencias religiosas, que también los hay, parecían estar sumergidos por un ambiente de fe y oración. Como siempre no faltaban los pintorescos “pazzi” romanos, místicos y místicas de la exageración, pero eran los menos.

De noche, por tercera vez en dos días, estaba de la Plaza; esta vez con José María, otros religiosos marianistas y un periodista. Para manifestar mi ser Iglesia viva y convocada en un momento pascual: el papa Juan Pablo había pasado de la muerte a la vida. Se había encontrado con su Padre, rico en misericordia, en una fiesta que la recordaba.

Me brotó espontáneo el rezo del rosario, los misterios luminosos en esa noche de luz. Recordé que hacía una semana estábamos, a esa misma hora, celebrando la Pascua, bendiciendo el fuego y encendiendo el cirio pascual, cantando “Luz de Cristo, demos gracias a Dios”. Rezaba una avemaría y otra un tanto distraídamente, revoloteando con la mirada, posándola ora en la imagen de María, Mater ecclesiae, que Juan Pablo quiso colocar en la plaza, ora en la gente que iba llegando, ora en los periodistas que con unos objetivos impresionantes trataban de captar algo imposible: la imagen del misterio. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Contemplaba también la imagen de Cristo Resucitado, el Salvador, que, coronando la fachada, me llenó de gracia y de ternura una mañana de Pascua, hace quince años. Pedía que Jesús, a quien tanto sirvió en su vida, del que quiso ser imagen de Buen Pastor, estuviera también colmando al Papa de Gracia y Bendición.

Recordé que la primera vez que el Papa vino a España; viviendo en Zaragoza no fui a la Plaza del Pilar en el momento en que veneró la imagen de María...por acudir a una comunidad eclesial de base a celebrar una eucaristía contraria a ese tipo de visitas pastorales. Recordé las veces que, viviendo en Roma, ir a San Pedro, a una eucaristía presidida por el Papa, o acudir al ángelus, me educaron en una experiencia eclesial universal y menos corta o ideológica de la que tenía.

Entreveraba estos pensamientos y recuerdos con la liturgia de la Palabra que, sobriamente, era proclamada desde el sagrado de la basílica: “todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían”; “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, imperecedera...alegraos de ello...alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.” “Al anochecer de aquel día, primero de la semana..entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros”

Me admiraba, una vez más, comprobar cómo la palabra de Dios ilumina cada situación concreta y cómo las lecturas de este segundo domingo de Pascua me ayudaban a vivir y a poner una mirada de fe a la muerte de Juan Pablo II. Y me llenó esta Paz.

Tuve conciencia histórica de que estaba viviendo un momento histórico. Que había muerto una figura colosal en la historia de la humanidad reciente. Que la propia historia se encargará de colocar, en la proporción adecuada, y aquilatar un pontificado que ha tenido muchas y hermosas luces, y algunas sombras. Hoy la conciencia universal es de estar en el tránsito de un alma grande, un mahatma.

Jugué a colocar la figura del Papa, hombre grande y santo, entre las estatuas del santoral que la contrarreforma colocó sobre la balaustrada de Bernini. Allí dejé su imagen, convencido, como lo estábamos todos, en esa noche de Pascua, que había muerto un hombre de fe, un gran cristiano, una figura histórica excepcional.

Y di gracias a Dios por el Papa que ha gobernado la Iglesia más de un cuarto de siglo; porque Dios dirige y guarda a su Iglesia a través de las mediaciones humanas. Porque El, Señor Resucitado, Alfa y Omega de la historia, estará con nosotros hasta el fin del mundo.

Unas horas después volvía a estar en la Plaza, para celebrar la eucaristía del II Domingo de Pascua por el Papa Juan Pablo II. Por primera vez sin pronunciar su nombre entre los vivos, sino en el memento de difuntos. Pero eso es ya otra historia. En la que seguía resonando el bello canto del salmo de ese día: Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Ana Maria Peldoza
19-04-05, 06:05:36
Padre José Maria Arnaiz:

Toda la carta es un cúmulo de reflexiones vigentes y pertinentes y a continuación, copio el párrafo que mas vigencia tiene, por el momento que la cristiandad del mundo esta viviendo.


" Querría un Papa que venga de América Latina, que tenga un talante humano de mucha cercanía, que le ayude a la Iglesia a saber que lo que más la renueva y revitaliza es el servicio de los pobres, que le recuerde a la humanidad que tiene que elegir entre el amor y el odio, que siga repitiendo que el nombre de Dios es la paz y la misericordia, que no le falte fortaleza y simpatía para comunicar, que sea una buena sorpresa, que ponga juventud en la Iglesia... A pesar de su admirable entrega y del espectáculo de estos días Juan Pablo II deja una Iglesia en crisis. No podía ser de otra manera después de un concilio como el Vaticano II. El Papa Wojtyla ha sido un Papa de palabras, de gestos y de testimonio. No de reformas. Le ha dejado el terreno muy bien preparado a su sucesor para responder a unas cuantas urgencias.”

Padre José Maria, nuestro reconocimiento y felicitaciones por tan atinado y oportuno mensaje.

Hemos tratado de contactarlo de muchas maneras desde hace varios años y desde Houston US, hoy logramos a través de su mensaje por fin contactarlo.


Nuestro e-mail jcinestrosa@hotmail.com

Como un regalo de Dios, envíenos su teléfono y hora para llamarle, saludarle y actualizarlo de nuestros tiempos.

Le saludan muy afectuosamente quienes siempre lo recuerdan con mucho cariño y aprecio.

Ana Maria Peldoza y Juan Carlos Inestrosa

Juanjo Osácar
28-04-05, 08:49:51
Oración después de la muerte de Juan Pablo II
(abril de 2005)

Igual que el centurión en el Calvario
creyó en ti conmovido por tu muerte,
te he visto, sin llegar, Señor, a verte,
en el impresionante corolario

del periplo vital de tu vicario.
No porque pacifista fue, y más fuerte
que aquel cerril telón de acero inerte,
ni porque ecumenista, y emisario

de esperanza, y martillo fue de miedos,
de mi alma has traspasado la coraza.
Mas, porque he visto a líderes de credos

y estados, y al gentío en esa plaza
por una vez unirse en torno a un nombre,
me he dicho: “Hijo de Dios era este hombre”.


Juanjo Osácar