Pello
29-05-06, 16:48:20
Si algo nos ha dicho el consejo, es que estan abiertos a todo. En cierto modo y si no lo he entendido mal, TODOS somos "el Consejo", pero las personas votadas, son aquellas que filtran, depuran, destilan, condensan y asumen responsabilidades voluntariamente, para permitirnos a los demás el trabajo fácil: el vivir sin preocupación la Fraternidad.
Por ello gracias.
Y como hasta ahora, no he sido consciente de todo el trabajo que os habeis tomado, me gustaría ayudar activamente comenzando este foro, del que podais nutriros. A cambio de vuestra labor, ahora para los que vengan, nosotros también vamos a trabajar un poquito. Aqui pongo un texo como motivación y como inicio de este foro:
No es mi intención replantear o cambiar nada, a no se que sea a mejor. Es obvio que existen algunos problemas que esta ahí de manera más o menos presente, y que lo han estado siempre. Solo pretendo poner de relieve lo obvio e intentar que leguemos a una situación de consenso en el que los problemas sean atajados.
Al parecer este Consejo ha sabido abordar alguno de los temas y mejorarlo, pero tenemos asignaturas pendientes. No estoy muy familiarizado con la breve historia de la fraternidad, ni tan siquiera con si jerarquía, exceptuando la visita que hicieron Luken y Jose a nuestra frater, lo que comentaba la responsable, y lo que nos contaban nuestras excelentes asesoras.
El debate al parecer es casi siempre el mismo: el compromiso. Por mi escasa experiencia vital y mi menor nivel de madurez que el resto de la frater (pues el resto sois mayores), sólo pretendo exponer desde abajo (intelectualmente hablando) las inquietudes y posibles soluciones que se pueden dar a dicho problema.
Estamos en el limbo del COMPROMISO, en el que hemos dicho: “soy fraterno”, pero hasta ahí, porque nos da miedo hacer la siguiente pregunta: “¿hasta que punto?” Ser fraterno implica tener la potencia de desarrollar un compromiso vital con una comunidad cristiana católica marianista, implica replantearse el temido Proyecto de Vida, implica luchar contra la idea de la sociedad del ahora, del “felicidad igual a placer”, implica amar a cristo e intentar seguirle (y es muy, muy, muy difícil).
En definitiva, implica implicarse más (valga la redundancia). ¿Y qué es implicarse más?: ¿ir a todas las reuniones de mi pequeña y de mi gran frater?, ¿poner en práctica un modelo cristiano de vida (o lo más parecido posible?, ¿rezar más?, ¿ir más a misa?, ¿ayudar más?, ¿amar más?... En definitiva, lo que significa es más de lo bueno y menos de lo malo.
La tremenda paradoja que se da en nuestra pequeña comunidad, es que intentamos algo tan sumamente difícil como aplicar un modelo de vida cristiano a nuestro Proyecto Vital, y sin embargo somos incapaces de hacer algo tan sencillo, tan insignificante como dedicar tres o cuatro horas mensuales (a no ser que pertenezcas al Consejo) a mi comunidad. Una comunidad tiene que ser cuidada por sus miembros, mimada y sobretodo puesta en práctica. Sin más de una persona no hay comunidad, y sin comunidad no hay una de las esencias más importantes del cristianismo. Tremenda paradoja: parecerse más a Cristo, yendo en contra del pensamiento mayoritario de la sociedad, nadando a contracorriente y mejorando el mundo, y sin embargo no poder reunirse dos tres veces al mes con las personas con las que comparto muchísimo.
Pero no toda la carne ha de ser puesta en el asador por los fraternos, desde “arriba”, desde el Consejo, la Provincia, y lo que haya más allá, también se han de tender facilidades para motivar el encuentro, porque la motivación, así como el compromiso son imprescindibles para una vida más o menos plena. Por eso este texto va dirigido por doble partida a los fraternos y a sus jerarquías (por llamarlas de alguna manera).
No es tampoco mi intención plantear este proyecto como una empresa, pero tenemos que pensar en clave de beneficios. En clave de beneficios de tipo humano, porque lo que hagamos bien, si lo hacemos bien, afectará a muchísimas personas. Por tanto es nuestra misión cristiana, marianista, fraterna y personal mejorar sensiblemente el entorno que nos rodea.
Una buena fraternidad con un buen planteamiento, implica cien personas más fieles al Señor, más felices y más plenas, que a su vez trasmitirán como una onda expansiva esa felicidad dada por el bombazo de vivir la comunidad cristiana descrita como la que se describe en los Evangelios.
La manera más efectiva de atraer, de motivar, de convencer y por supuesto de mejorar la vida de fraternidades, creo sinceramente que pasa por ofrecer. Por ofrecer cosas nuevas y diferentes. Ofrecer actividades coherentes que fomentes lo valores de vida marianistas cristianos. ¿Qué tipo de actividades?: la sugerencia ya está lanzada. Ahora queda que las personas que conocen la breve historia y la jerarquía de las fraternidades piensen las actividades viables.
Para comenzar la cadena sugiero actividades conjuntas entre las distintas fraternidades de una misma franja. Cenas-coloquio (comidas, meriendas o almuerzos) con personas que sean expertos en algún tema tratado en común (obispo, párrocos, marianistas…) ya sea de actualidad –inmigración, educación, tecnología…–, de religión o de ciencia, siempre que tenga relación con la ética cristiana. Teatros (para ir conjuntamente) relacionados con la temática cristiana, mesas redondas, debates etc.
En esencia, actividades conjuntas.
Espero que esto os sirva para algo. Si puedo ayudar de cualquier otra forma por favor, hacédmelo saber.
Un afectuoso saludo: PELLO LATASA (Fraterno Marianista)
Por ello gracias.
Y como hasta ahora, no he sido consciente de todo el trabajo que os habeis tomado, me gustaría ayudar activamente comenzando este foro, del que podais nutriros. A cambio de vuestra labor, ahora para los que vengan, nosotros también vamos a trabajar un poquito. Aqui pongo un texo como motivación y como inicio de este foro:
No es mi intención replantear o cambiar nada, a no se que sea a mejor. Es obvio que existen algunos problemas que esta ahí de manera más o menos presente, y que lo han estado siempre. Solo pretendo poner de relieve lo obvio e intentar que leguemos a una situación de consenso en el que los problemas sean atajados.
Al parecer este Consejo ha sabido abordar alguno de los temas y mejorarlo, pero tenemos asignaturas pendientes. No estoy muy familiarizado con la breve historia de la fraternidad, ni tan siquiera con si jerarquía, exceptuando la visita que hicieron Luken y Jose a nuestra frater, lo que comentaba la responsable, y lo que nos contaban nuestras excelentes asesoras.
El debate al parecer es casi siempre el mismo: el compromiso. Por mi escasa experiencia vital y mi menor nivel de madurez que el resto de la frater (pues el resto sois mayores), sólo pretendo exponer desde abajo (intelectualmente hablando) las inquietudes y posibles soluciones que se pueden dar a dicho problema.
Estamos en el limbo del COMPROMISO, en el que hemos dicho: “soy fraterno”, pero hasta ahí, porque nos da miedo hacer la siguiente pregunta: “¿hasta que punto?” Ser fraterno implica tener la potencia de desarrollar un compromiso vital con una comunidad cristiana católica marianista, implica replantearse el temido Proyecto de Vida, implica luchar contra la idea de la sociedad del ahora, del “felicidad igual a placer”, implica amar a cristo e intentar seguirle (y es muy, muy, muy difícil).
En definitiva, implica implicarse más (valga la redundancia). ¿Y qué es implicarse más?: ¿ir a todas las reuniones de mi pequeña y de mi gran frater?, ¿poner en práctica un modelo cristiano de vida (o lo más parecido posible?, ¿rezar más?, ¿ir más a misa?, ¿ayudar más?, ¿amar más?... En definitiva, lo que significa es más de lo bueno y menos de lo malo.
La tremenda paradoja que se da en nuestra pequeña comunidad, es que intentamos algo tan sumamente difícil como aplicar un modelo de vida cristiano a nuestro Proyecto Vital, y sin embargo somos incapaces de hacer algo tan sencillo, tan insignificante como dedicar tres o cuatro horas mensuales (a no ser que pertenezcas al Consejo) a mi comunidad. Una comunidad tiene que ser cuidada por sus miembros, mimada y sobretodo puesta en práctica. Sin más de una persona no hay comunidad, y sin comunidad no hay una de las esencias más importantes del cristianismo. Tremenda paradoja: parecerse más a Cristo, yendo en contra del pensamiento mayoritario de la sociedad, nadando a contracorriente y mejorando el mundo, y sin embargo no poder reunirse dos tres veces al mes con las personas con las que comparto muchísimo.
Pero no toda la carne ha de ser puesta en el asador por los fraternos, desde “arriba”, desde el Consejo, la Provincia, y lo que haya más allá, también se han de tender facilidades para motivar el encuentro, porque la motivación, así como el compromiso son imprescindibles para una vida más o menos plena. Por eso este texto va dirigido por doble partida a los fraternos y a sus jerarquías (por llamarlas de alguna manera).
No es tampoco mi intención plantear este proyecto como una empresa, pero tenemos que pensar en clave de beneficios. En clave de beneficios de tipo humano, porque lo que hagamos bien, si lo hacemos bien, afectará a muchísimas personas. Por tanto es nuestra misión cristiana, marianista, fraterna y personal mejorar sensiblemente el entorno que nos rodea.
Una buena fraternidad con un buen planteamiento, implica cien personas más fieles al Señor, más felices y más plenas, que a su vez trasmitirán como una onda expansiva esa felicidad dada por el bombazo de vivir la comunidad cristiana descrita como la que se describe en los Evangelios.
La manera más efectiva de atraer, de motivar, de convencer y por supuesto de mejorar la vida de fraternidades, creo sinceramente que pasa por ofrecer. Por ofrecer cosas nuevas y diferentes. Ofrecer actividades coherentes que fomentes lo valores de vida marianistas cristianos. ¿Qué tipo de actividades?: la sugerencia ya está lanzada. Ahora queda que las personas que conocen la breve historia y la jerarquía de las fraternidades piensen las actividades viables.
Para comenzar la cadena sugiero actividades conjuntas entre las distintas fraternidades de una misma franja. Cenas-coloquio (comidas, meriendas o almuerzos) con personas que sean expertos en algún tema tratado en común (obispo, párrocos, marianistas…) ya sea de actualidad –inmigración, educación, tecnología…–, de religión o de ciencia, siempre que tenga relación con la ética cristiana. Teatros (para ir conjuntamente) relacionados con la temática cristiana, mesas redondas, debates etc.
En esencia, actividades conjuntas.
Espero que esto os sirva para algo. Si puedo ayudar de cualquier otra forma por favor, hacédmelo saber.
Un afectuoso saludo: PELLO LATASA (Fraterno Marianista)