Fran75
07-01-08, 12:01:47
De www.taize.fr/es_article5658.html (http://www.taize.fr/es_article5658.html)
Viernes por la tarde, 28 de diciembre de 2007
Estamos reunidos en Ginebra para el trigésimo encuentro europeo de jóvenes. Con alegría respondimos a la invitación insistente de las Iglesias de aquí y queremos expresar nuetrso agradecimiento por la generosa acogida de tantas parroquias y familias en Ginebra, en el cantón de Vaud y hasta en Francia.
¡Qué diversidad entre nosotros! Habéis venido de todos los países de Europa, e incluso algunos de otros continentes. Esta gran diversidad, querríamos acogerla como un don. Todos nosotros, pertenecemos a la misma comunión de la Iglesia.
Fue de Ginebra que el hermano Roger partió para buscar un lugar donde fundar nuestra comunidad. Y para nosotros, los hermanos, venir aquí significa vivificar lo que está en el corazón de nuestra vocación: reconciliarnos entre cristianos para ser fermento de paz en la familia humana.
Tuvimos recientemente un encuentro latinoamericano de jóvenes en Cochabamba, Bolivia. En este país las tensiones sociales y económicas son enormes. Pero hay jóvenes muy conscientes de los problemas que están dispuestos a comprometerse para una reconciliación, dispuestos a luchar con un corazón reconciliado. En la historia de los pueblos bastó a veces un número reducido de personas para hacer inclinar la balanza hacia el lado de la paz.
A mi lado está Cesar de Cochabamba. Le pedí que nos dijera unas palabras:
Estoy feliz de estar aquí con todos ustedes. Y querría sobre todo pedirles que recen por Bolivia y por toda América Latina. Mi país atraviesa un momento difícil, pero es también un momento de esperanza. Algo nuevo puede nacer. ¡Recen con nosotros!
En Bolivia, como en otros lugares, hay una urgencia de reconciliación. ¿Pero que es la reconciliación? El hermano Roger no tenía una estrategia de la reconciliación, pero iba hacia el otro, cualquiera que fuese.
Reconciliarse es ir hacia el otro, y ello comienza en el ámbito de las relaciones personales: perseverar para buscar una comunión humana con aquellos que están muy cerca de nosotros. ¿Acaso nos desalentamos demasiado pronto cuando existen tensiones o incomprehensiones? La felicidad se construye con el tiempo.
Esto es también verdad en la sociedad. Las comunicaciones se vuelven cada vez más fáciles pero al mismo tiempo nuestras sociedades humanas se compartamentalizan demasiado. Paralelismos pueden mantener una indiferencia de unos respecto a otros. Y con el tiempo se crean prejuicios y malentendidos. Pensemos por ejemplo en los inmigrantes tan cercanos y sin embargo a menudo tan lejos.
Europa tampoco no se construirá sin que vayamos los unos hacia los otros. Si respecto a las instituciones, siendo éstas indispensables, existe hoy un determinado cansancio, nosotros vemos también que hay en muchos de vosotros una voluntad de superar regionalismos. Eso no significa abandonar las especificidades de cada pueblo o de cada región, sino llevar a cabo un intercambio de dones. Para eso las relaciones personales son irreemplazables.
Nuestro compromiso por la reconciliación toma su fuente en la reconciliación que Dios nos ofrece. El perdón de Dios puede tocar el fondo de nuestro ser, nos hace nacer a una vida nueva. A través de la vida de Cristo, vemos que Dios no se cansa nunca de reemprender siempre el camino con nosotros. Sí, Jesús tomó el riesgo de creer en el hombre, él coloca toda su confianza en nosotros.
Ahí se encuentra una fuente de alegría que nos permite vivir esta misma reconciliación con otros. Podemos creer que es posible y no cansarnos tampoco nosotros de recomenzar siempre. Eso no va sin un combate interior pero recordando que es también un camino de felicidad.
Un niño: Cada noche vamos decir los nombres y a rezar por los pueblo que están aquí. Saludamos esta noche a los jóvenes de Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Portugal, España e Italia.
Saludamos muy especialmente a aquellos que vienes de Egipto, de Irak, de Israel y a los Palestinos.
Sábado por la tarde, 29 de diciembre de 2007
En nuestro mundo moderno se ha vuelto difícil para muchos creer en Dios. La existencia de Dios se ve a menudo como un límite impuesto a la libertad humana. Mucha gente tiene la impresión de que es necesario luchar solo para construir su vida, su felicidad. Una presencia de Dios les parece inconcebible.
Visité recientemente a nuestros hermanos que viven en Corea desde hace treinta años. Con otro hermano tuvimos también encuentros con jóvenes en otros países del sudeste asiático. Lo que mas me llamó la antención es que la oración resulta muy natural para casi todo el mundo. En las distintas religiones, la gente tiene espontáneamente en la oración una actitud de respeto, o incluso de adoración.
Por supuesto, en estas sociedades no hay menos tensiones o violencia que en Occidente. Pero un sentido de la interioridad les es quizá más accesible, un respeto ante el milagro de la vida, de la creación, una atención al misterio, a un más allá.
Una de las razones por las cuales estamos aquí juntos es porque queremos renovar una vida interior. Ser testigo de la reconciliación de Cristo en el mundo no puede ser solamente una actividad exterior. Una atención a la presencia de Dios en nuestra vida es indispensable. ¿Pero cómo descubrir y redescubrir, una y otra vez, una relación personal con Dios?
Hay en todos nosotros la sed de un infinito, de un amor para siempre. ¡No abandonéis este sueño! Dios nos ha creado con este deseo de un absoluto. A nosotros nos toca responderle comprometiendo nuestra vida.
Quizá comprendamos muy poca cosa del Evangelio. Pero eso nos basta para ponernos en marcha. ¡Llevemos a la práctica lo poco que hemos retenido! De esta manera somos conducidos a comprender aún más. Y reconocemos, al mismo tiempo, en torno nuestro a otras personas que viven del Evangelio. Es esta la belleza de una comunión, la misma que estamos experimentando estos días.
En Camboya oí testimonios conmovedores de creyentes que resistieron durante las persecuciones. En los años 70, hubo un genocidio atroz en ese país. Un cuarto de la población desapareció. Toda religión estuvo prohibida, los templos y las iglesias destruidos. Sin embargo, muchos perseveraron en la fe. Un hombre, que sólo tenía doce años en aquella época, cuenta que mientras trabajaba en los arrozales rezaba al mismo tiempo el Padrenuestro cada día: "para no olvidarlo", como él decía.
Semejantes testimonios nos impulsan también a nosotros a vivir la confianza en Dios, no solamente por un momento, sino para toda nuestra vida. Muchos jóvenes parecen tener miedo de compromisos a largo plazo. Es cierto que hoy nos sentimos menos apoyados que antes por las tradiciones y las instituciones. El riesgo personal es más evidente. Es precisamente por eso que escribí una "Carta a quien quiere seguir a Cristo."
No seguimos un ideal, seguimos a una persona, a Cristo. Por medio del Espíritu Santo está presente en cada uno nosotros. No nos abandona, incluso en nuestros fracasos y nuestras faltas. Para decir un sí a Cristo para toda la vida, no nos apoyamos en nuestras propias fuerzas, sino que día tras día nos abandonamos a su presencia y a su perdón.
Sí, Dios es perdón y bondad. Por Cristo, Dios vino hacia nosotros de una manera inesperada: desarmado e incluso vulnerable. Observemos la imagen admirable del pesebre suspendido delante nuestro. El original es del siglo XII y se encuentra en Zillis, Suiza. El cielo raso de la pequeña iglesia de este pueblo está cubierto con estas pinturas cuyas copias ven aquí. ¿Acaso no nos damos cuenta de la humildad, de la profunda humanidad de Dios? ¿Qué más podemos hacer que postrarnos en silencio y acoger la presencia de Dios? Allí encontramos una nueva libertad.
Un niño: Cada noche, decimos los nombres y rezamos por un pueblo que aquí presente. Esta noche, saludamos a los jóvenes venidos de Croacia, Hungría, Bulgaria, Eslovenia, Estonia, Letonia, la República Checa y Polonia.
Saludamos también a los jóvenes de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, México, Perú, Canadá y Estados Unidos.
Mañana por la noche, nuestro oración común será televisada en directo y se retransmitirá en Eurovisión. Estaremos así en comunión con muchos otros que no pueden estar aquí: ancianos, enfermos, presos, en Suiza, Francia, Polonia, en Líbano y en otros países.
Cada uno puede venir ahora a colocar su frente sobre la cruz para confiarle a Dios sus propias cargas y los de otros. Como somos muchos, habrá dos cruces en dos lugares diferentes.
Domingo por la tarde, 30 de diciembre de 2007
Esta noche nuestro encuentro será iluminado por las velas. La luz que vamos a transmitirnos los unos a los otros nosotros viene de lejos: ha llegado hasta aquí desde la gruta de la Natividad de Belén. Y rezamos para que esta tierra de Belén, esta Tierra Santa para tantos creyentes de distintas religiones, pueda conocer finalmente la paz.
Esta llama de paz, no podemos guardarla sólo para nosotros. La luz del Cristo brilla para todos, lleva una esperanza de paz para el mundo. La confianza en Dios permanece viva y crece en nosotros si la compartimos con otros.
Sólo podemos transmitir la luz de Cristo al estar unidos. Por eso lanzamos, aquí en Ginebra, la "llamada a la reconciliación de los cristianos" que ya habéis recibido. Hace tiempo, en nombre de la verdad del Evangelio, los cristianos se separaron. En la actualidad, en nombre de la verdad del Evangelio, queremos reconciliarnos.
¿Cómo ser creíbles hablando de un Dios de amor si permanecemos separados? No perdamos más tantas energías en oposiciones, a veces en el seno mismo de nuestras Iglesias.
En Cristo, Dios se reconcilió con la humanidad: Nos acoge en él y nos comunica su propia vida. En este sentido, la reconciliación no es una dimensión del Evangelio entre otras tantas, es el corazón mismo. Es el restablecimiento de una confianza entre Dios y el hombre, y esta transforma las relaciones entre los hombres.
Nuestra búsqueda de reconciliación sólo puede ser equivalente a la iniciativa de Dios hacia nosotros. Significa ir los unos hacia los otros para realizar un intercambio de dones.
Para que haya un verdadero intercambio de dones entre cristianos, encontrémonos más a menudo en presencia de Dios en la escucha de su Palabra, en el silencio y en la alabanza. Encontrarnos así en vigilias de oración, ya es anticipar una unidad, es dejar al Espíritu Santo unirnos desde ahora. Y eso permitirá también seguramente al diálogo teológico avanzar.
Semejantes vigilias de reconciliación podrán sobrepasar compartimentaciones de nuestras sociedades. Podemos reunir en esas vigilias a personas que no tienen la costumbre de encontrarse entre ellos, por ejemplo extranjeros y gente propia del lugar. Podemos prepararlas en lugares significativos: en la frontera entre dos países, en una cárcel, en un barrio que sufre violencia, con niños abandonados….
Así podemos contribuir a una civilización más marcada por la confianza que por la desconfianza. Para el hermano Roger confianza en Dios y confianza en el ser humano eran inseparables. La confianza en Dios implica asumir responsabilidades para con los demás.
A vosotros, los jóvenes, os corresponde tomar la iniciativa. Los que tienen responsabilidades en las Iglesias os apoyarán. Os toca primeramente a vosotros, los jóvenes, preparar dichas "vigilias de reconciliación".
Continuaremos juntos la "Peregrinación de confianza a través de la tierra". Habrá encuentros en Taizé a lo largo de todo el año. Y en un año habrá un encuentro europeo. Se celebrará en una ciudad donde deseábamos ir desde hace muchos años. El próximo encuentro europeo tendrá lugar del 29 de diciembre al 2 de enero en Bélgica, en la ciudad de Bruselas.
(En flamenco:) Para nosotros es una alegría poder ir a Bélgica. Gracias por habernos invitado.
Y seguiremos los encuentros de jóvenes en otros continentes. Después de Asia y América Latina, iremos el año que viene a África. Del 26 al 30 de noviembre se nos acogerá más abajo del ecuador, en África oriental, en Kenia, en la ciudad de Nairobi.
Están presente entre nosotros el Reverendo Simon y el Padre Peter, capellanes de los jóvenes presbiterianos y católicos de Kenia. Estan también Japhet y Peter que nos dirigirán unas palabras:
Japhet: Nos alegra acoger una etapa africana de la "peregrinación de confianza a través de la tierra". Os haremos descubrir cómo los jóvenes sostienen una esperanza allí donde viven. Veréin hasta qué punto la hospitalidad en las familias y en las comunidades es importante para nosotros.
Peter: querríamos decir a todos vosotros en swahili: ¡Karibu Kenia, ¡Bienvenidos a Kenia!
Un niño: Cada noche, decimos los nombres y rezamos por los pueblos que están aquí. Saludamos esta noche a los jóvenes de Bielorrusia, Rusia, Ucrania, Georgia, Albania, Serbia, Bosnia y Hercegovina, Rumania, Montenegro, Lituania, Kosovo y Eslovaquia.
Saludamos a los jóvenes de China, Corea, Japón, la India, Indonesia, Irak, Israel, Malasia, Filipinas, Singapur, Siria, Taiwán, Turquía.
Saludamos también a los numerosos representantes de las autoridades civiles, de las instituciones cristianas internacionales, de las Iglesias ortodoxas, protestantes, católicas, evangélicas, católico- cristiana, que han venido esta noche a rezar con nosotros y que se encuentran sentados junto a los hermanos.
Lunes por la tarde, 31 de diciembre de 2007
Mañana el encuentro europeo se termina. Grande es nuestro agradecimiento por la acogida recibida. Gracias de todo corazón a las familias y a las parroquias que abrieron sus puertas. Gracias a los responsables de las Iglesias que apoyaron toda la preparación. Gracias también a las autoridades civiles que aportaron su colaboración.
¿Qué retener de la experiencia de estos días? Cada una y cada uno intentará responder personalmente a esta pregunta. Pero para todos, ¿no hay dos cosas que podemos llevar con nosotros?: la bondad y la simplicidad
La hospitalidad vivida en una gran simplicidad ha despertado la bondad. Sí, es necesario poca cosa para revelar la bondad presente en el corazón de tantas mujeres y hombres de todos los horizontes.
La hospitalidad tocó los corazones, los corazones de quienes acogieron como de los que fueron acogidos. Es una experiencia de lo que es la Iglesia: lugar de comunión y al mismo tiempo fermento de paz. La experiencia de una comunión más allá de las fronteras, como estos días, abre a una esperanza. Nos conduce incluso a una comprensión más profunda de Dios.
Para el hermano Roger, la bondad y la sencillez estaban vinculadas íntimamente, velaba para que estos dos valores de Evangelio fueran centrales en la vida de nuestra comunidad. La bondad, combinada a la sencillez del corazón, nos lleva a estar atentos a los pobres, al dolor de los niños, al sufrimiento de inocentes a través del mundo.
La bondad no tiene su fuente en nosotros. A nuestra bondad le falta siempre algo, pero es por esto mismo que se vuelve hacia un absoluto, a una bondad mayor. Es un reflejo de la bondad de Dios
Sí, Dios es sólo amor y bondad. Nos toca a nosotros no oscurecer el mensaje del Evangelio. La imagen de Dios como juez severo ha hecho seguramente mucho daño. Atrevámosnos a decir que Dios no puede más que amar. Allí está el mensaje exigente pero tan liberador de Jesús. ¡Y digamos esto a través de nuestra vida!
En la actualidad, para hacer accesible la fe cristiana a todos, es vital transmitir lo que está en el centro del Evangelio: la grandeza de Dios, su omnipotencia se revela como amor, como capacidad infinita de estar muy cercano de la humanidad
La bondad abre una puerta a la confianza en Dios. La bondad asombra, provoca a veces una admiración. Un nuevo horizonte se presenta, que va más allá de la dureza de la vida, de las injusticias, de la dureza también de una sociedad de bienestar que oculta tantas miserias materiales y espirituales.
Que este encuentro pueda renovar en nosotros el gusto de correr el riesgo de la bondad y la sencillez. ¡Que todos seamos portadores de reconciliación, allí donde vivimos! ¡Vayamos hacia los demás, superemos las separaciones de nuestras sociedades y de nuestras Iglesias!
¡Vayamos hacia los que sufren! Sabéis que hay entre nosotros iraquíes. Ahora van a cantar una oración. Al escucharlos podemos desde ahora estar más cerca de los que sufren la violencia en su país.
Querría terminar con esta oración del hermano Roger: Dios que nos amas, la contemplación de tu perdón se convierte en un resplandor de bondad en el corazón humilde que se confía a ti.
Un niño: Esta noche, saludamos a los jóvenes de Austria, Bélgica, Gran Bretaña, Irlanda, Luxemburgo, los Países Bajos, Francia, Alemania y a los jóvenes de Suiza.
Saludamos a los jóvenes de Egipto, Angola, Togo, Benín, Kenia, Costa de Marfil, Congo, Camerún, Etiopía, Madagascar, Mozambique, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia y Vietnam.
Viernes por la tarde, 28 de diciembre de 2007
Estamos reunidos en Ginebra para el trigésimo encuentro europeo de jóvenes. Con alegría respondimos a la invitación insistente de las Iglesias de aquí y queremos expresar nuetrso agradecimiento por la generosa acogida de tantas parroquias y familias en Ginebra, en el cantón de Vaud y hasta en Francia.
¡Qué diversidad entre nosotros! Habéis venido de todos los países de Europa, e incluso algunos de otros continentes. Esta gran diversidad, querríamos acogerla como un don. Todos nosotros, pertenecemos a la misma comunión de la Iglesia.
Fue de Ginebra que el hermano Roger partió para buscar un lugar donde fundar nuestra comunidad. Y para nosotros, los hermanos, venir aquí significa vivificar lo que está en el corazón de nuestra vocación: reconciliarnos entre cristianos para ser fermento de paz en la familia humana.
Tuvimos recientemente un encuentro latinoamericano de jóvenes en Cochabamba, Bolivia. En este país las tensiones sociales y económicas son enormes. Pero hay jóvenes muy conscientes de los problemas que están dispuestos a comprometerse para una reconciliación, dispuestos a luchar con un corazón reconciliado. En la historia de los pueblos bastó a veces un número reducido de personas para hacer inclinar la balanza hacia el lado de la paz.
A mi lado está Cesar de Cochabamba. Le pedí que nos dijera unas palabras:
Estoy feliz de estar aquí con todos ustedes. Y querría sobre todo pedirles que recen por Bolivia y por toda América Latina. Mi país atraviesa un momento difícil, pero es también un momento de esperanza. Algo nuevo puede nacer. ¡Recen con nosotros!
En Bolivia, como en otros lugares, hay una urgencia de reconciliación. ¿Pero que es la reconciliación? El hermano Roger no tenía una estrategia de la reconciliación, pero iba hacia el otro, cualquiera que fuese.
Reconciliarse es ir hacia el otro, y ello comienza en el ámbito de las relaciones personales: perseverar para buscar una comunión humana con aquellos que están muy cerca de nosotros. ¿Acaso nos desalentamos demasiado pronto cuando existen tensiones o incomprehensiones? La felicidad se construye con el tiempo.
Esto es también verdad en la sociedad. Las comunicaciones se vuelven cada vez más fáciles pero al mismo tiempo nuestras sociedades humanas se compartamentalizan demasiado. Paralelismos pueden mantener una indiferencia de unos respecto a otros. Y con el tiempo se crean prejuicios y malentendidos. Pensemos por ejemplo en los inmigrantes tan cercanos y sin embargo a menudo tan lejos.
Europa tampoco no se construirá sin que vayamos los unos hacia los otros. Si respecto a las instituciones, siendo éstas indispensables, existe hoy un determinado cansancio, nosotros vemos también que hay en muchos de vosotros una voluntad de superar regionalismos. Eso no significa abandonar las especificidades de cada pueblo o de cada región, sino llevar a cabo un intercambio de dones. Para eso las relaciones personales son irreemplazables.
Nuestro compromiso por la reconciliación toma su fuente en la reconciliación que Dios nos ofrece. El perdón de Dios puede tocar el fondo de nuestro ser, nos hace nacer a una vida nueva. A través de la vida de Cristo, vemos que Dios no se cansa nunca de reemprender siempre el camino con nosotros. Sí, Jesús tomó el riesgo de creer en el hombre, él coloca toda su confianza en nosotros.
Ahí se encuentra una fuente de alegría que nos permite vivir esta misma reconciliación con otros. Podemos creer que es posible y no cansarnos tampoco nosotros de recomenzar siempre. Eso no va sin un combate interior pero recordando que es también un camino de felicidad.
Un niño: Cada noche vamos decir los nombres y a rezar por los pueblo que están aquí. Saludamos esta noche a los jóvenes de Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Portugal, España e Italia.
Saludamos muy especialmente a aquellos que vienes de Egipto, de Irak, de Israel y a los Palestinos.
Sábado por la tarde, 29 de diciembre de 2007
En nuestro mundo moderno se ha vuelto difícil para muchos creer en Dios. La existencia de Dios se ve a menudo como un límite impuesto a la libertad humana. Mucha gente tiene la impresión de que es necesario luchar solo para construir su vida, su felicidad. Una presencia de Dios les parece inconcebible.
Visité recientemente a nuestros hermanos que viven en Corea desde hace treinta años. Con otro hermano tuvimos también encuentros con jóvenes en otros países del sudeste asiático. Lo que mas me llamó la antención es que la oración resulta muy natural para casi todo el mundo. En las distintas religiones, la gente tiene espontáneamente en la oración una actitud de respeto, o incluso de adoración.
Por supuesto, en estas sociedades no hay menos tensiones o violencia que en Occidente. Pero un sentido de la interioridad les es quizá más accesible, un respeto ante el milagro de la vida, de la creación, una atención al misterio, a un más allá.
Una de las razones por las cuales estamos aquí juntos es porque queremos renovar una vida interior. Ser testigo de la reconciliación de Cristo en el mundo no puede ser solamente una actividad exterior. Una atención a la presencia de Dios en nuestra vida es indispensable. ¿Pero cómo descubrir y redescubrir, una y otra vez, una relación personal con Dios?
Hay en todos nosotros la sed de un infinito, de un amor para siempre. ¡No abandonéis este sueño! Dios nos ha creado con este deseo de un absoluto. A nosotros nos toca responderle comprometiendo nuestra vida.
Quizá comprendamos muy poca cosa del Evangelio. Pero eso nos basta para ponernos en marcha. ¡Llevemos a la práctica lo poco que hemos retenido! De esta manera somos conducidos a comprender aún más. Y reconocemos, al mismo tiempo, en torno nuestro a otras personas que viven del Evangelio. Es esta la belleza de una comunión, la misma que estamos experimentando estos días.
En Camboya oí testimonios conmovedores de creyentes que resistieron durante las persecuciones. En los años 70, hubo un genocidio atroz en ese país. Un cuarto de la población desapareció. Toda religión estuvo prohibida, los templos y las iglesias destruidos. Sin embargo, muchos perseveraron en la fe. Un hombre, que sólo tenía doce años en aquella época, cuenta que mientras trabajaba en los arrozales rezaba al mismo tiempo el Padrenuestro cada día: "para no olvidarlo", como él decía.
Semejantes testimonios nos impulsan también a nosotros a vivir la confianza en Dios, no solamente por un momento, sino para toda nuestra vida. Muchos jóvenes parecen tener miedo de compromisos a largo plazo. Es cierto que hoy nos sentimos menos apoyados que antes por las tradiciones y las instituciones. El riesgo personal es más evidente. Es precisamente por eso que escribí una "Carta a quien quiere seguir a Cristo."
No seguimos un ideal, seguimos a una persona, a Cristo. Por medio del Espíritu Santo está presente en cada uno nosotros. No nos abandona, incluso en nuestros fracasos y nuestras faltas. Para decir un sí a Cristo para toda la vida, no nos apoyamos en nuestras propias fuerzas, sino que día tras día nos abandonamos a su presencia y a su perdón.
Sí, Dios es perdón y bondad. Por Cristo, Dios vino hacia nosotros de una manera inesperada: desarmado e incluso vulnerable. Observemos la imagen admirable del pesebre suspendido delante nuestro. El original es del siglo XII y se encuentra en Zillis, Suiza. El cielo raso de la pequeña iglesia de este pueblo está cubierto con estas pinturas cuyas copias ven aquí. ¿Acaso no nos damos cuenta de la humildad, de la profunda humanidad de Dios? ¿Qué más podemos hacer que postrarnos en silencio y acoger la presencia de Dios? Allí encontramos una nueva libertad.
Un niño: Cada noche, decimos los nombres y rezamos por un pueblo que aquí presente. Esta noche, saludamos a los jóvenes venidos de Croacia, Hungría, Bulgaria, Eslovenia, Estonia, Letonia, la República Checa y Polonia.
Saludamos también a los jóvenes de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, México, Perú, Canadá y Estados Unidos.
Mañana por la noche, nuestro oración común será televisada en directo y se retransmitirá en Eurovisión. Estaremos así en comunión con muchos otros que no pueden estar aquí: ancianos, enfermos, presos, en Suiza, Francia, Polonia, en Líbano y en otros países.
Cada uno puede venir ahora a colocar su frente sobre la cruz para confiarle a Dios sus propias cargas y los de otros. Como somos muchos, habrá dos cruces en dos lugares diferentes.
Domingo por la tarde, 30 de diciembre de 2007
Esta noche nuestro encuentro será iluminado por las velas. La luz que vamos a transmitirnos los unos a los otros nosotros viene de lejos: ha llegado hasta aquí desde la gruta de la Natividad de Belén. Y rezamos para que esta tierra de Belén, esta Tierra Santa para tantos creyentes de distintas religiones, pueda conocer finalmente la paz.
Esta llama de paz, no podemos guardarla sólo para nosotros. La luz del Cristo brilla para todos, lleva una esperanza de paz para el mundo. La confianza en Dios permanece viva y crece en nosotros si la compartimos con otros.
Sólo podemos transmitir la luz de Cristo al estar unidos. Por eso lanzamos, aquí en Ginebra, la "llamada a la reconciliación de los cristianos" que ya habéis recibido. Hace tiempo, en nombre de la verdad del Evangelio, los cristianos se separaron. En la actualidad, en nombre de la verdad del Evangelio, queremos reconciliarnos.
¿Cómo ser creíbles hablando de un Dios de amor si permanecemos separados? No perdamos más tantas energías en oposiciones, a veces en el seno mismo de nuestras Iglesias.
En Cristo, Dios se reconcilió con la humanidad: Nos acoge en él y nos comunica su propia vida. En este sentido, la reconciliación no es una dimensión del Evangelio entre otras tantas, es el corazón mismo. Es el restablecimiento de una confianza entre Dios y el hombre, y esta transforma las relaciones entre los hombres.
Nuestra búsqueda de reconciliación sólo puede ser equivalente a la iniciativa de Dios hacia nosotros. Significa ir los unos hacia los otros para realizar un intercambio de dones.
Para que haya un verdadero intercambio de dones entre cristianos, encontrémonos más a menudo en presencia de Dios en la escucha de su Palabra, en el silencio y en la alabanza. Encontrarnos así en vigilias de oración, ya es anticipar una unidad, es dejar al Espíritu Santo unirnos desde ahora. Y eso permitirá también seguramente al diálogo teológico avanzar.
Semejantes vigilias de reconciliación podrán sobrepasar compartimentaciones de nuestras sociedades. Podemos reunir en esas vigilias a personas que no tienen la costumbre de encontrarse entre ellos, por ejemplo extranjeros y gente propia del lugar. Podemos prepararlas en lugares significativos: en la frontera entre dos países, en una cárcel, en un barrio que sufre violencia, con niños abandonados….
Así podemos contribuir a una civilización más marcada por la confianza que por la desconfianza. Para el hermano Roger confianza en Dios y confianza en el ser humano eran inseparables. La confianza en Dios implica asumir responsabilidades para con los demás.
A vosotros, los jóvenes, os corresponde tomar la iniciativa. Los que tienen responsabilidades en las Iglesias os apoyarán. Os toca primeramente a vosotros, los jóvenes, preparar dichas "vigilias de reconciliación".
Continuaremos juntos la "Peregrinación de confianza a través de la tierra". Habrá encuentros en Taizé a lo largo de todo el año. Y en un año habrá un encuentro europeo. Se celebrará en una ciudad donde deseábamos ir desde hace muchos años. El próximo encuentro europeo tendrá lugar del 29 de diciembre al 2 de enero en Bélgica, en la ciudad de Bruselas.
(En flamenco:) Para nosotros es una alegría poder ir a Bélgica. Gracias por habernos invitado.
Y seguiremos los encuentros de jóvenes en otros continentes. Después de Asia y América Latina, iremos el año que viene a África. Del 26 al 30 de noviembre se nos acogerá más abajo del ecuador, en África oriental, en Kenia, en la ciudad de Nairobi.
Están presente entre nosotros el Reverendo Simon y el Padre Peter, capellanes de los jóvenes presbiterianos y católicos de Kenia. Estan también Japhet y Peter que nos dirigirán unas palabras:
Japhet: Nos alegra acoger una etapa africana de la "peregrinación de confianza a través de la tierra". Os haremos descubrir cómo los jóvenes sostienen una esperanza allí donde viven. Veréin hasta qué punto la hospitalidad en las familias y en las comunidades es importante para nosotros.
Peter: querríamos decir a todos vosotros en swahili: ¡Karibu Kenia, ¡Bienvenidos a Kenia!
Un niño: Cada noche, decimos los nombres y rezamos por los pueblos que están aquí. Saludamos esta noche a los jóvenes de Bielorrusia, Rusia, Ucrania, Georgia, Albania, Serbia, Bosnia y Hercegovina, Rumania, Montenegro, Lituania, Kosovo y Eslovaquia.
Saludamos a los jóvenes de China, Corea, Japón, la India, Indonesia, Irak, Israel, Malasia, Filipinas, Singapur, Siria, Taiwán, Turquía.
Saludamos también a los numerosos representantes de las autoridades civiles, de las instituciones cristianas internacionales, de las Iglesias ortodoxas, protestantes, católicas, evangélicas, católico- cristiana, que han venido esta noche a rezar con nosotros y que se encuentran sentados junto a los hermanos.
Lunes por la tarde, 31 de diciembre de 2007
Mañana el encuentro europeo se termina. Grande es nuestro agradecimiento por la acogida recibida. Gracias de todo corazón a las familias y a las parroquias que abrieron sus puertas. Gracias a los responsables de las Iglesias que apoyaron toda la preparación. Gracias también a las autoridades civiles que aportaron su colaboración.
¿Qué retener de la experiencia de estos días? Cada una y cada uno intentará responder personalmente a esta pregunta. Pero para todos, ¿no hay dos cosas que podemos llevar con nosotros?: la bondad y la simplicidad
La hospitalidad vivida en una gran simplicidad ha despertado la bondad. Sí, es necesario poca cosa para revelar la bondad presente en el corazón de tantas mujeres y hombres de todos los horizontes.
La hospitalidad tocó los corazones, los corazones de quienes acogieron como de los que fueron acogidos. Es una experiencia de lo que es la Iglesia: lugar de comunión y al mismo tiempo fermento de paz. La experiencia de una comunión más allá de las fronteras, como estos días, abre a una esperanza. Nos conduce incluso a una comprensión más profunda de Dios.
Para el hermano Roger, la bondad y la sencillez estaban vinculadas íntimamente, velaba para que estos dos valores de Evangelio fueran centrales en la vida de nuestra comunidad. La bondad, combinada a la sencillez del corazón, nos lleva a estar atentos a los pobres, al dolor de los niños, al sufrimiento de inocentes a través del mundo.
La bondad no tiene su fuente en nosotros. A nuestra bondad le falta siempre algo, pero es por esto mismo que se vuelve hacia un absoluto, a una bondad mayor. Es un reflejo de la bondad de Dios
Sí, Dios es sólo amor y bondad. Nos toca a nosotros no oscurecer el mensaje del Evangelio. La imagen de Dios como juez severo ha hecho seguramente mucho daño. Atrevámosnos a decir que Dios no puede más que amar. Allí está el mensaje exigente pero tan liberador de Jesús. ¡Y digamos esto a través de nuestra vida!
En la actualidad, para hacer accesible la fe cristiana a todos, es vital transmitir lo que está en el centro del Evangelio: la grandeza de Dios, su omnipotencia se revela como amor, como capacidad infinita de estar muy cercano de la humanidad
La bondad abre una puerta a la confianza en Dios. La bondad asombra, provoca a veces una admiración. Un nuevo horizonte se presenta, que va más allá de la dureza de la vida, de las injusticias, de la dureza también de una sociedad de bienestar que oculta tantas miserias materiales y espirituales.
Que este encuentro pueda renovar en nosotros el gusto de correr el riesgo de la bondad y la sencillez. ¡Que todos seamos portadores de reconciliación, allí donde vivimos! ¡Vayamos hacia los demás, superemos las separaciones de nuestras sociedades y de nuestras Iglesias!
¡Vayamos hacia los que sufren! Sabéis que hay entre nosotros iraquíes. Ahora van a cantar una oración. Al escucharlos podemos desde ahora estar más cerca de los que sufren la violencia en su país.
Querría terminar con esta oración del hermano Roger: Dios que nos amas, la contemplación de tu perdón se convierte en un resplandor de bondad en el corazón humilde que se confía a ti.
Un niño: Esta noche, saludamos a los jóvenes de Austria, Bélgica, Gran Bretaña, Irlanda, Luxemburgo, los Países Bajos, Francia, Alemania y a los jóvenes de Suiza.
Saludamos a los jóvenes de Egipto, Angola, Togo, Benín, Kenia, Costa de Marfil, Congo, Camerún, Etiopía, Madagascar, Mozambique, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Australia y Vietnam.