Guinomai
17-07-08, 12:43:37
http://www.chamis.org/imagenes/barra_guinomai.jpg
EXPERIENCIAS DE MISIÓN Y COMUNIDAD
(CAMPOS DE TRABAJO DE 2º DE BACHILLERATO, JULIO 2008)
Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida cuando, de pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo: «La Felicidad». Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Bastante asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó: «Por favor, ¿qué venden aquí ustedes?» «¿Aquí? —respondió el ángel—. Aquí vendemos absolutamente de todo». «¡Ah! —exclamó asombrado el joven—. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo, muchas toneladas de amor entre los hombres, un gran bidón de comprensión entre las familias, el fin del hambre, más tiempo para que los padres puedan jugar con sus hijos, alivio para los enfermos...» Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra para aclararle: «Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos; sólo vendemos SEMILLAS.»
1
Después de seis años creciendo y soñando en nuestros grupos, para la generación del 90 de Guinomai ha llegado el final del camino, que no es sino el comienzo de otros aún más apasionantes en los que ojalá os sintáis llamados más que nunca a dejar vuestras huellas y, sobre todo, a seguir las de Jesús: el Camino con mayúsculas.
Desde cada una de las ciudades los monitores hemos compartido el deseo de que vuestra última experiencia se sostuviera sobre dos pilares: la misión, el contacto con los pobres, con los enfermos, con los que sufren, con los sin voz, con los preferidos de Dios; y la comunidad: compartir la fe y la vida, sentir que no andamos en solitario, que necesitamos del otro para crecer...
Acercarnos a los sencillos, a los que sufren, a vidas en apariencia apagadas; compartir la oración, la fe, nuestras inquietudes, nuestros sueños; vivir poniéndolo todo en común, reflexionando sobre la misión que Él guarda para cada uno de nosotros; despedirnos de seis años de ilusiones y alegrías... ¿Cuántas semillas de esperanza, del amor de Dios, ha dejado en nuestros corazones esta última experiencia como chavales de Guinomai? ¿Se las contamos al mundo? ¿Las hacemos un poco de todos para que sean un poco más nuestras? ¿Ayudamos con nuestro testimonio a quienes nos lean a comprender un poco mejor la alegría de quien vive su vida dándola, entregándola a fondo perdido?
¿Nos animamos a compartir nuestras semillas? ;)
EXPERIENCIAS DE MISIÓN Y COMUNIDAD
(CAMPOS DE TRABAJO DE 2º DE BACHILLERATO, JULIO 2008)
Cuentan que un joven paseaba una vez por una ciudad desconocida cuando, de pronto, se encontró con un comercio sobre cuya marquesina se leía un extraño rótulo: «La Felicidad». Al entrar descubrió que, tras los mostradores, quienes despachaban eran ángeles. Bastante asustado, se acercó a uno de ellos y le preguntó: «Por favor, ¿qué venden aquí ustedes?» «¿Aquí? —respondió el ángel—. Aquí vendemos absolutamente de todo». «¡Ah! —exclamó asombrado el joven—. Sírvanme entonces el fin de todas las guerras del mundo, muchas toneladas de amor entre los hombres, un gran bidón de comprensión entre las familias, el fin del hambre, más tiempo para que los padres puedan jugar con sus hijos, alivio para los enfermos...» Y así prosiguió hasta que el ángel, muy respetuoso, le cortó la palabra para aclararle: «Perdone usted, señor. Creo que no me he explicado bien. Aquí no vendemos frutos; sólo vendemos SEMILLAS.»
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Después de seis años creciendo y soñando en nuestros grupos, para la generación del 90 de Guinomai ha llegado el final del camino, que no es sino el comienzo de otros aún más apasionantes en los que ojalá os sintáis llamados más que nunca a dejar vuestras huellas y, sobre todo, a seguir las de Jesús: el Camino con mayúsculas.
Desde cada una de las ciudades los monitores hemos compartido el deseo de que vuestra última experiencia se sostuviera sobre dos pilares: la misión, el contacto con los pobres, con los enfermos, con los que sufren, con los sin voz, con los preferidos de Dios; y la comunidad: compartir la fe y la vida, sentir que no andamos en solitario, que necesitamos del otro para crecer...
Acercarnos a los sencillos, a los que sufren, a vidas en apariencia apagadas; compartir la oración, la fe, nuestras inquietudes, nuestros sueños; vivir poniéndolo todo en común, reflexionando sobre la misión que Él guarda para cada uno de nosotros; despedirnos de seis años de ilusiones y alegrías... ¿Cuántas semillas de esperanza, del amor de Dios, ha dejado en nuestros corazones esta última experiencia como chavales de Guinomai? ¿Se las contamos al mundo? ¿Las hacemos un poco de todos para que sean un poco más nuestras? ¿Ayudamos con nuestro testimonio a quienes nos lean a comprender un poco mejor la alegría de quien vive su vida dándola, entregándola a fondo perdido?
¿Nos animamos a compartir nuestras semillas? ;)