- "A vino nuevo, odres nuevos" -
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Sección Compañía de María | Vidas entregadas |
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#1 |
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¡Somos una familia!
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El P. Enrique Torres, que ha sido Postulador General de la Compañía de María y que ha trabajado en la causa de beatificación del sacerdote marianista austriaco Santiago Gapp, nos envía la
Homilía del Obispo de Innsbruck, Manfred Scheuer pronunciada en Wattens, el 13 de Agosto del 2005 Por su interés, el P. Enrique la ha traducido al castellano para su difusión a través de Agora. Os invitamos a leerla y conocer aún más la impresionante vida de este testigo de la verdad y del Evangelio frente a la barbarie de un régimen abiertamente anticristiano. "Aunque me nieguen el camino de vuelta hacia la patria no dejaré de ser testigo de la VERDAD". Frases como estás le llevaron a la muerte y a compartir el destino de quienes se empeñan en vivir con radicalidad según el Reino anunciado por Jesús hasta la entrega de si. Puedes descargártela del archivo adjunto en pdf. Para conocer más sobre Santiago Gapp puedes consultar su biografía
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Rafa Iglesias, religioso marianista Y yo religioso marianista, ¿por qué no? Vocación Última modificación: Rafa Iglesias, el 19-01-06 a las 20:25:58. |
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#2 |
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Daniel Pajuelo Vázquez
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Nombre: Jakob Gapp Fechas: 1897-1943 Congregación: Compañía de María - Marianistas Beato: Mártir del nazismo Onomástica: 13 de Agosto ÚLTIMA CARTA DEL BEATO SANTIAGO GAPP S.M. el día de su martirio (13.Ag.1943) Queridos primos y primas, querido Seppl y queridos todos: Cuando esta carta llegue a vuestras manos, estaré ya un mundo mejor... Me detuvieron en territorio francés el 9 de Noviembre del año pasado, me llevaron a Berlín, y finalmente me han condenado a muerte el 2 de Julio, fiesta del Sagrado Corazón. Hoy será ejecutada la sentencia. A las 7 de la tarde, iré a casa de mi querido Salvador, a quien siempre amé fervientemente. ¡No os aflijáis por mí! Soy totalmente feliz. Naturalmente he tenido que pasar muchas horas penosas, pero he podido prepararme muy bien a la muerte. Tened ánimo, y soportadlo todo por amor a Dios, para que nos podamos volver a encontrar en el cielo. De todos me acordaré allí... Después de una dura lucha interior, me he llegado a convencer de que hoy, es el día más feliz de mi vida... ¡Seppl, mi querido Seppl! No estés triste. ¡Todo pasa, solo el cielo permanece! Rezo por todos. Rezo también por mi patria. Que Dios os guarde. Vuestro en J.M.J. que tanto os quiere. JAGGL (JAKOB GAPP) 13 de agosto de 1943. Berlín. Cárcel de Plötzensee. Siete de la tarde. Galpón de las ejecuciones. Tres hombres alrededor de una mesa: el fiscal Kurth, el funcionario Karpe y el inspector de prisiones Rösler. Han traído al reo: - ¿Jakob Georg Gapp? - Sí, sacerdote católico. Comprobada su identidad le entregan en manos del verdugo y de sus ayudantes. Poco después redactan el acta de la ejecución: "...El condenado a muerte, que permaneció tranquilo y sereno, se dejó colocar en la guillotina sin ofrecer resistencia. (...) Desde el momento de la entrega del reo hasta el anuncio de la ejecución pasaron nueve segundos". Nueve meses antes, Jakob Gapp, sacerdote marianista austriaco, había sido detenido en Hendaya, en la Francia ocupada por los alemanes. Unos agentes de la Gestapo, haciéndose pasar por judíos que huían de la persecución nazi, habían ganado su confianza en Valencia (España) donde residía en su comunidad marianista, huyendo de la policía nazi. Lograron engañarle y hacerle pasar a Francia. ¿Su delito? Denunciar la incompatibilidad del cristianismo con la doctrina nacionalsocialista. José María Salaverri Sentencia condenatoria Últimas cartas de Jakob Gapp desde la cárcel el día de su muerte [Recursos] * Libro: Pasión por la verdad frente al nazismo * Fondo de Escritorio * Fotos, dibujos de Jakob Gapp [Enlaces español] 1. Dossier de artículos y noticias sobre Santiago Gapp 2. Santiago Gapp en Google [English links] 1. Blessed Jackob Gapp - in english 2. Jakob Gapp (1897-1943): Marianist and Martyr - University of Dayton 3. A book about Jakob Gapp - NACMS 4. Jakob Gapp en Google [Deutsche] 1. Den salige Jakob Gapp (1897-1943)-Deutsch |
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#3 |
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Daniel Pajuelo Vázquez
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BEATO SANTIAGO GAPP Mártir (1897 - 1943) 13 de agosto “El pueblo español católico no puede seguir a la Alemania nazi”. Estamos en plena Guerra Mundial II. El 26 de enero de 1943, en la sede central de la Gestapo de Berlín, un funcionario nazi Karl Ludwig Neuhaus, interroga largamente a un acusado de traición. Se trata de un sacerdote marianista austríaco, Jakob Gapp. El funcionario quiere llevar las cosas al terreno político, pero el sacerdote insiste en el aspecto religioso: “No soy traidor a mi patria. La amo como Dios quiere que la ame. Por eso para defender la religión católica y la fe de mi pueblo, no tengo más remedio que denunciar el nacionalsocialismo como incompatible con la fe...” Durante dos días enteros lo interrogan. De pronto le preguntan sobre su actuación en España. “Al instigar a los adolescentes españoles contra el Reich alemán, siendo Alemania y España países amigos, ¿no le da la impresión de haber hecho daño a la nación española?”. La respuesta es firme y rotunda: “No, al contrario... Me parecía absurdo que el pueblo español católico pudiese seguir ciegamente a la Alemania nacionalsocialista”. Fue condenado a muerte por traición. ¿Quién era este valiente ? Un joven austríaco en la crisis de su patria. Había nacido Jakob (Santiago) Gapp en Wattens (Tirol austríaco) el 26 de julio de 1897. De una familia obrera pobre y cristiana, era el último de siete hijos. Sacrificándose, le dieron todos los estudios posibles. En 1914 estalla la "guerra europea", o Mundial I, como la llamamos ahora. En 1915 Italia ataca a Austria, y Jakob con sus 18 años va al frente de batalla. Es herido y condecorado con una medalla al valor. Al final de la contienda, derrotada su patria, es hecho prisionero. Sufre nueve meses de cautiverio antes de regresar a casa en 1919. Son meses amargos en los que la utopía marxista, ese bolchevismo que parecía haber hecho en Rusia la revolución social definitiva, seduce su alma generosa y llena de deseos de justicia. Desolación de su madre al ver a su "pequeño" alejado de Dios y de la Iglesia. Como una nueva Mónica, consigue del Señor su conversión. Un marianista "socialista". Fue una conversión tan completa que decidió hacerse religioso. Se presenta en los Marianistas: - Aquí estoy. Soy socialista y quiero ser sacerdote. Si no sirvo díganmelo cuanto antes, y me voy a casa. Esto no asustó a los encargados de su formación: había nobleza, deseo de verdad, piedad... Poco a poco se purifica de ideologías, pero se queda con lo esencial: el amor a la verdad, el deseo de justicia y un amor muy grande a los pobres. Más aún, su paso por el marxismo le ayudó a comprender a fondo, y a la luz de la fe y de la razón, los fallos de esas ideas generosas pero falsas. Unos años después aplicando el mismo análisis, detectará la profunda falsedad de la ideología nacionalsocialista, prima hermana de la anterior. Comenzó su noviciado, - "el año más feliz de mi vida", según confesión propia- el 13 de agosto de 1920. Y un año más tarde hace sus primeros votos. Estudia y trabaja en Graz, en un Colegio Marianista. Durante cuatro años (1925-1930) cursará sus estudios teológicos en el Seminario Internacional Marianista y en la Universidad Católica de Friburgo de Suiza. Se ordena sacerdote el 5 de abril de 1930. Vuelve a su patria y durante varios años ejerce un intenso apostolado entre la juventud de varios colegios marianistas. Con la Gestapo en los talones. Son años duros, de crisis social y de confusión ideológica. Jakob lleva a sus alumnos a los barrios pobres para que tomen conciencia de la situación de los numerosos obreros en paro. El auge de las ideas nazis entre la juventud austríaca le preocupa. Hitler no oculta su deseo de anexionar Austria al "Gran Reich", al imperio nazi. Por eso Jakob no deja de hablar de la absoluta incompatibilidad entre esas ideas y el ser cristiano. ¡Cuánto se alegra, cuando en 1937, una encíclica del papa Pío XI, "Mit Brennender Sorge", condena las doctrinas nazis! Pero en 1938, Hitler invade Austria. Los colegios marianistas quedan confiscados y a los religiosos les toca ganarse la vida como pueden. Lo aceptaron en Reutte, como docente de religión en una escuela oficial rural. Pero le denuncian y le apartan de la docencia por haber dicho a sus alumnos que había que amar a los judíos. La Gestapo, la policía secreta nazi, le va a seguir los pasos. Trabaja en el campo, ayuda en las parroquias. El 11 de diciembre de 1938, en la iglesia de Wattens, su pueblo, en una homilía clamorosa, denuncia la campaña que los nazis han emprendido en contra del Papa. Hay espías de la Gestapo en la iglesia. Sus superiores le hacen huir a Francia. Dirá más tarde a sus jueces en Berlín: "Después de la anexión de Austria al Reich, hubiera podido tranquilamente rehusar el nacionalsocialismo sólo en la mente y en el corazón -cosa que muchos sacerdotes hicieron-, pero me convencí de que en conciencia, era mi deber de sacerdote de la Iglesia católica, no sólo enseñar la verdad, sino luchar contra el error.(...) Comprendí que valía la pena defender los derechos de la Iglesia, que en el fondo son los derechos del mismo Dios, aun poniendo en peligro la propia vida". En España: el padre Santiago. En el mes de mayo de 1939 pasa a España. La guerra civil ha terminado y los marianistas, que tienen que volver a poner en marcha sus obras, dan la bienvenida a varios religiosos austríacos. Para hacerse más cercano, traduce su nombre y se hace llamar padre Santiago. Será profesor y capellán en los colegios de San Sebastián y Valencia. Sufre con las noticias que le llegan de Austria, siente la nostalgia de la patria ausente y entregada a una sistemática descristianización. Sus cartas lo confirman: "Me siento tan íntimamente unido a mi patria que quiero compartir sus sufrimientos, que quiero morir con ella..."; "Siento que si quiero hacer algo útil por mi pueblo, debo sufrir y morir con él."; "Mi ideal sería derramar mi sangre por Cristo y por la Iglesia"; "La vocación del sacerdote no consiste hoy en hacer hermosos discursos, sino en sufrir y en morir por amor de Dios, de Cristo, de la causa católica, de la patria." En Valencia, donde celebra la misa dominical para los residentes alemanes, denuncia la incompatibilidad del nazismo con la fe cristiana y les habla claramente de la persecución y de los errores nazis... La Gestapo decide acallar esta voz incómoda. Dos agentes nazis se hacen pasar por judíos huidos de Berlín y que quieren convertirse. El padre Gapp accede a catequizarlos. Durante varios meses los “catequiza”. Ganada su confianza, ellos le proponen un viaje al norte, a San Sebastián, donde tiene amigos. Pero le hacen pasar a Hendaya, a la Francia ocupada. Nueve meses de cárcel en Berlín. No lo enviaron a ningún campo de concentración. Le hicieron un juicio exhaustivo. Hubo dos largos interrogatorios, -más de 30 páginas de actas-, en los que quieren hacerle confesar culpas políticas. Pero no cae en la trampa: - "Mi deber propio como sacerdote católico, era alertar a los creyentes sobre lo peligroso que es el nacionalsocialismo para el catolicismo". - "Aunque me embarga una inmensa tristeza al pensar en el destino del pueblo alemán si se ve derrotado por sus enemigos, sin embargo estoy convencido que la victoria del nacionalsocialismo traería daños muchos mayores al pueblo alemán que una victoria inglesa.(...) En todo esto sólo una cosa me importa: que los hombres puedan libremente llegar a la vida eterna". - "Mi fe católica vale más que cualquier bien de este mundo". - "No quiero la muerte de los nacionalsocialistas sino el fin del error nacionalsocialista".- Unas respuestas claras y valientes. El mismo Dr. Neuhaus quedó impresionado. Declaró largamente en la Causa de Beatificación. Y nos dice que el texto de los interrogatorios, firmado libremente por Gapp, fue a parar al despacho de Himmler, el jefe supremo de la Gestapo, que exclamó: "Con un millón de hombres como Gapp, pero de nuestra ideología, dominaríamos el mundo". "A las 7 de esta tarde iré a casa de mi querido Salvador". El 13 de agosto de 1943, después de recibir la notificación de su ejecución, pidió escribir unas cartas. Se lo concedieron. Escribió dos: una a su familia y otra al padre Jung, que había sido su superior en Austria y ahora ejercía de superior general de los marianistas. En la primera, que fue enviada a la familia, dice así: "Cuando esta carta llegue a vuestras manos estaré ya en un mundo mejor (...) Me detuvieron en territorio francés el 9 de noviembre del año pasado, me llevaron a Berlín y finalmente me han condenado a muerte el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. Hoy será ejecutada la sentencia. A las 7 de la tarde iré a casa de mi querido Salvador a quien siempre amé fervientemente. ¡No os aflijáis por mí! Soy totalmente feliz. Naturalmente he tenido que pasar muchas horas penosas, pero he podido prepararme muy bien a la muerte. Tened ánimo y soportadlo todo por amor a Dios para que nos podamos volver a encontrar en el cielo (...)" En términos semejantes escribe a su querido padre Jung. Pero esa carta nunca pudo ser leída en la tierra por su destinatario. El juez decidió no enviarla y dejarla en el dossier judicial... del que los americanos, al ocupar Berlín, se incautaron. Allí permaneció hasta la caída del muro de Berlín: "Pocas horas antes de mi muerte siento la necesidad de despedirme también de usted. Me han condenado a muerte por traición, el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. La sentencia será ejecutada esta tarde, a las 7. Durante el tiempo de mi cautiverio he tenido tiempo sobrado para reflexionar sobre mi vida. De todo corazón le agradezco todo el bien que me ha hecho desde que le conocí. Me considero miembro de la Compañía de María; renuevo mis votos y me ofrezco a Dios entre las manos de nuestra querida Madre del Cielo. (...) He pasado por momentos muy difíciles, pero ahora soy totalmente feliz. Pienso que estos tiempos difíciles han servido para mi santificación. (...) ¡Todo pasa, sólo el cielo permanece! El 13 de agosto de 1920 empecé mi noviciado, el año más feliz de mi vida. Y hoy (13 de agosto de 1943) espero poder comenzar la vida de la felicidad eterna.(...) Adiós. Nos volveremos a ver." 13 de agosto de 1943. En Berlín, en la cárcel de Plötzensee. Siete de la tarde. Galpón de las ejecuciones. Tres hombres alrededor de una mesa: el fiscal Kurth, el funcionario Karpe y el inspector de prisiones Rösler. Han traído al reo: - ¿Jakob Georg Gapp? - Sí, sacerdote católico. Comprobada su identidad le entregan en manos del verdugo y de sus ayudantes. Poco después redactan el acta de la ejecución: "...El condenado a muerte, que permaneció tranquilo y sereno, se dejó colocar en la guillotina sin ofrecer resistencia. (...) Desde el momento de la entrega del reo hasta el anuncio de la ejecución pasaron nueve segundos". La Iglesia lo ha declarado MÁRTIR de Cristo. Juan Pablo II lo beatificó en Roma el 24 de noviembre de 1996, fiesta de Cristo Rey. Beato Santiago Gapp, ruega por nosotros. Para que, como tú, también nosotros seamos valientes para denunciar las incompatibilidades de las ideas erróneas de nuestro tiempo con nuestra profesión de cristianos. Bibliografía: "Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo" - por José María Salaverri. - 237 pp. + 8 de fotos - Ed. PPC - Madrid. Para niños: “Se llamaba Santiago” - por Amparo Catret y Mar Sánchez. Ilustraciones de José María Catret. - 36 pp. Ed. Palabra - Madrid - |
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#4 |
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Daniel Pajuelo Vázquez
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EL BEATO SANTIAGO GAPP 13 de agosto de 1943. Berlín, en plena Guerra Mundial Segunda. Cárcel de Plötzensee. Siete de la tarde. Galpón de las ejecuciones. Tres hombres alrededor de una mesa: el fiscal Kurth, el funcionario Karpe y el inspector de prisiones Rösler. Han traído al reo: - ¿Jakob Georg Gapp? - Sí, sacerdote católico. Comprobada su identidad le entregan en manos del verdugo y de sus ayudantes. Poco después redactan el acta de la ejecución: "...El condenado a muerte, que permaneció tranquilo y sereno, se dejó colocar en la guillotina sin ofrecer resistencia. (...) Desde el momento de la entrega del reo hasta el anuncio de la ejecución pasaron nueve segundos". Nueve meses antes, Jakob Gapp, sacerdote marianista austriaco, había sido detenido en Hendaya, en la Francia ocupada por los alemanes. Unos agentes de la Gestapo, haciéndose pasar por judíos que huían de la persecución nazi, habían ganado su confianza en Valencia (España) donde residía en su comunidad marianista, huyendo de la policía nazi. Lograron engañarle y hacerle pasar a Francia. Lo condenaron a muerte y al deshonor por traidor a la patria. ¿Su verdadero delito? Denunciar incansablemente la incompatibilidad del cristianismo con la doctrina nacionalsocialista. Un joven austriaco en la crisis de su patria Nace Jakob en Wattens (Tirol austriaco) el 26 de julio de 1897. De una familia obrera pobre, el último de siete hijos. Ambiente y educación cristianos. Sacrificándose, procuran darle todos los estudios posibles. En 1914 estalla la "guerra europea", primera mundial como la llamamos ahora. En 1915, Italia ataca a Austria, y Jakob con sus 18 años va al frente de batalla. Herido, condecorado con una medalla al valor, finalmente prisionero al terminar la contienda con la derrota de los Imperios centrales. Sufre nueve meses de cautiverio antes de regresar a casa en 1919. Meses amargos en los que la utopía marxista, ese socialismo que parecía haber hecho en Rusia la revolución social definitiva, seduce su alma generosa y llena de deseos de justicia. Desolación de su madre al ver a su "pequeño" alejado de Dios y de la Iglesia. Como una nueva Mónica (así la verá siempre Jakob), consigue del Señor su conversión. Un marianista "socialista". Fue una conversión tan completa que decidió hacerse religioso. Se presenta en los Marianistas: - Aquí estoy. Soy socialista y quiero ser sacerdote. Si no sirvo díganmelo cuanto antes, y me voy a casa. Esto no asustó a los encargados de su formación: había nobleza, deseo de verdad, piedad... Poco a poco se purifica de ideologías, pero se queda con lo esencial: el amor a la verdad, el deseo de justicia y un amor muy grande a los pobres. El paso por el marxismo le ayudó a comprender a fondo, y a la luz de la fe y de la razón, los fallos de esas ideas, generosas pero falsas. Unos años después aplicando el mismo análisis, detectará la profunda falsedad de la ideología nacionalsocialista, prima hermana de la anterior. Comenzó su noviciado, - "el año más feliz de mi vida", según confesión propia- el 13 de agosto de 1920. Y un año más tarde hace sus primeros votos. Estudia y trabaja en Graz, en un Colegio Marianista. Durante cuatro años (1925-1930) hará luego sus estudios teológicos en el Seminario Internacional Marianista y en la Universidad Católica de Friburgo de Suiza. Se ordena sacerdote el 5 de abril de 1930. Vuelve a su patria y durante varios años ejerce un intenso apostolado entre la juventud de varios colegios marianistas. Son años duros, de crisis social y de confusión ideológica. Jakob lleva a sus alumnos a los barrios pobres para que tomen conciencia de la situación de los numerosos obreros parados sin recurso alguno. El auge de las ideas nazis entre la juventud austriaca le preocupa. Hitler no oculta su deseo de anexionar Austria al "Gran Reich", al imperio nazi. Por eso Jakob no deja de hablar de la absoluta incompatibilidad entre esas ideas y el ser cristiano. Por eso se alegra tanto, cuando en 1937, una encíclica del papa Pío XI, "Mit Brennender Sorge", condena las doctrinas nazis. Pero en 1938, Hitler invade Austria. Los colegios marianistas quedan confiscados y a los religiosos les toca ganarse la vida como pueden. Con la Gestapo en los talones. Procura ganarse la vida como docente de religión en una escuela oficial. Pero es denunciado y apartado de la docencia por haber dicho a sus alumnos que había que amar a los judíos. La Gestapo, la policía secreta nazi, le va a seguir los pasos. Trabaja en el campo, ayuda en las parroquias. El 11 de diciembre de 1938, en la iglesia de su pueblo, en una homilía clamorosa, habla claramente sobre la campaña que los nazis han emprendido en contra del Papa. Hay espías de la Gestapo en la iglesia. Sus superiores le hacen huir a Francia. Dirá más tarde a sus jueces en Berlín: "Después de la anexión de Austria al Reich, hubiera podido tranquilamente rehusar el nacionalsocialismo sólo en la mente y en el corazón -cosa que muchos sacerdotes hicieron-, pero me convencí de que en conciencia, era mi deber de sacerdote de la Iglesia católica, no sólo enseñar la verdad, sino luchar contra el error.(...) Comprendí que valía la pena defender los derechos de la Iglesia, que en el fondo son los derechos del mismo Dios, aun poniendo en peligro la propia vida". En España: el padre Santiago. En el mes de mayo de 1939 pasa a España. La guerra civil ha terminado y los marianistas, que tienen que volver a poner en marcha sus obras, dan la bienvenida a varios religiosos austriacos. Para hacerse más cercano, traduce su nombre y se hace llamar padre Santiago. Será profesor y capellán en los colegios de San Sebastián y Valencia. Sufre con las noticias que le llegan de Austria, siente la nostalgia de la patria ausente y entregada a una sistemática descristianización. Sus cartas de estos años lo confirman: "Todavía no he perdido la esperanza de volver a trabajar en la patria"; "Me siento tan íntimamente unido a mi patria que quiero compartir sus sufrimientos, que quiero morir con ella..."; "Siento que si quiero hacer algo útil por mi pueblo, debo sufrir y morir con él."; "Mi ideal sería derramar mi sangre por Cristo y por la Iglesia"; "La vocación del sacerdote no consiste hoy en hacer hermosos discursos, sino en sufrir y en morir por amor de Dios, de Cristo, de la causa católica, de la patria." Ante la Gestapo dirá: "Me parecía absurdo que el pueblo español tan católico pudiese seguir ciegamente a la Alemania nacionalsocialista". En Valencia, donde celebra la misa dominical para los residentes alemanes, da a conocer la pastoral del obispo de Calahorra, Mons. Fidel García, sobre "Algunos errores modernos", cuya difusión obstaculizaba el régimen de Franco, y que denuncia claramente la persecución y los errores nazis... La Gestapo decide acallar esta voz incómoda. Dos agentes nazis se hacen pasar por judíos huidos de Berlín y que quieren convertirse. El padre Gapp accede a catequizarlos. A sus hermanos marianistas, aquellos dos hombres no les gustan y le dicen que no se fíe de ellos, pero él hace caso omiso: cree en su sinceridad y piensa que su deber sacerdotal es atenderlos. Ganada su confianza le proponen un viaje al norte, y le hacen pasar a Hendaya, a la Francia ocupada. Nueve meses de cárcel en Berlín. No lo enviaron a ningún campo de concentración. Le hicieron un juicio exhaustivo. Conservamos cincuenta y ocho documentos sobre su estancia en las cárceles de Berlín. Los más importantes, los dos largos interrogatorios, -más de 30 páginas de actas-, a los que se le somete en Berlín son un intento de hacerle confesar culpas políticas. Dirige el interrogatorio Karl Ludwig Neuhaus, pastor protestante al servicio de la Gestapo. Todo el empeño del interrogatorio es comprometer al acusado en cuestiones políticas. Todas las respuestas de Gapp, al dar cuenta de su actuación, son de orden religioso: - "Mi deber propio como sacerdote católico, era alertar a los creyentes sobre lo peligroso que es el nacionalsocialismo para el catolicismo". - "Aunque me embarga una inmensa tristeza al pensar en el destino del pueblo alemán si se ve derrotado por sus enemigos, sin embargo estoy convencido que la victoria del nacionalsocialismo traería daños muchos mayores al pueblo alemán que una victoria inglesa.(...) En todo esto sólo una cosa me importa: que los hombres puedan libremente llegar a la vida eterna". - "Mi fe católica vale más que cualquier bien de este mundo". - "No quiero la muerte de los nacionalsocialistas sino el fin del error nacionalsocialista".- Unas respuestas claras, valientes, impresionantes. El mismo Dr. Neuhaus quedó impresionado. Vive todavía y declaró en la Causa de Beatificación. Nos dice que el texto de los interrogatorios, firmado libremente por Gapp, fue a parar al despacho de Himmler, el jefe supremo de la Gestapo, que exclamó: "Con un millón de hombres como Gapp, pero de nuestra ideología, dominaríamos el mundo". "A las 7 de esta tarde iré a casa de mi querido Salvador". El 13 de agosto de 1943, después de recibir la notificación de su ejecución, pidió escribir unas cartas. Se lo concedieron. Escribió dos: una a su familia y otra al padre Jung, que había sido su superior en Austria, su director espiritual, y que ahora ejercía de superior general de los marianistas. Dice así en la primera, que efectivamente fue enviada a la familia: "Cuando esta carta llegue a vuestras manos estaré ya en un mundo mejor (...) Me detuvieron en territorio francés el 9 de noviembre del año pasado, me llevaron a Berlín y finalmente me han condenado a muerte el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. Hoy será ejecutada la sentencia. A las 7 de la tarde iré a casa de mi querido Salvador a quien siempre amé fervientemente. ¡No os aflijáis por mí! Soy totalmente feliz. Naturalmente he tenido que pasar muchas horas penosas, pero he podido prepararme muy bien a la muerte. Tened ánimo y soportadlo todo por amor a Dios para que nos podamos volver a encontrar en el cielo (...)" En términos semejantes escribe a su querido padre Jung. Pero esa carta nunca pudo ser leída en la tierra por su destinatario. El juez decidió no enviarla y dejarla en el dossier judicial... del que los americanos, al ocupar Berlín, se incautaron. Allí permaneció hasta la caída del muro de Berlín: "Pocas horas antes de mi muerte siento la necesidad de despedirme también de usted. Me han condenado a muerte por traición, el 2 de julio, fiesta del Sagrado Corazón. La sentencia será ejecutada esta tarde, a las 7. Durante el tiempo de mi cautiverio he tenido tiempo sobrado para reflexionar sobre mi vida. De todo corazón le agradezco todo el bien que me ha hecho desde que le conocí. Me considero miembro de la Compañía de María; renuevo mis votos y me ofrezco a Dios entre las manos de nuestra querida Madre del Cielo. (...) He pasado por momentos muy difíciles, pero ahora soy totalmente feliz. Pienso que estos tiempos difíciles han servido para mi santificación. (...) ¡Todo pasa, sólo el cielo permanece! El 13 de agosto de 1920 empecé mi noviciado, el año más feliz de mi vida. Y hoy (13 de agosto de 1943) espero poder comenzar la vida de la felicidad eterna.(...) Adiós. Nos volveremos a ver." La Iglesia lo ha declarado MÁRTIR de Cristo. Juan Pablo II lo beatificó en Roma el 24 de noviembre de 1996, fiesta de Cristo Rey. Beato Santiago Gapp, ruega por nosotros. Para que, como tú, también nosotros seamos valientes para denunciar las incompatibilidades de las ideas erróneas de nuestro tiempo con nuestra profesión de cristianos. José María Salaverri sm La apasionante historia de nuestro mártir ha sido publicada por PPC - Madrid. Título: "Santiago Gapp. Pasión por la verdad frente al nazismo". 237 páginas. Autor: José María Salaverri. |
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#5 |
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Daniel Pajuelo Vázquez
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JE CROIS EN LA VIE ETERNELLE. C'est une des vérités de la foi que le Père Chaminade essayait d'inculquer à ses disciples. D'après lui la lumière de la vie éternelle -au fond pas éternelle, mais perdurable- était le moteur de toute activité marianiste. Nous avons perdu le sens de la vie éternelle. Il y a vingt ans j'ai entendu prêcher souvent que les chrétiens n'étaient pas "efficaces" -performants, dirait-on aujourd'hui- parce qu'ils avaient trop leurs yeux et leur coeur fixés sur l'éternité. Je me suis toujours révolté contre cette idée, car elle me semble profondément fausse. Et l'exemple de Jakob Gapp m'a servi de confirmation de ce que pensais. C'est à dire, exactement le contraire: le moteur de toute activité missionnaire est précisément la foi en la vie éternelle. Si on ne croit pas en la vie du monde à venir, à la vie éternelle - on vit dans l'instant, c'est à dire on construit sur le sable des impressions fugaces. - on perd le sens de la personne qui n'a aucune valeur, car elle n'a pas d'avenir. Quel sens a la vie des handicapés mentaux s'il n'y a pas une autre vie où ils seront libres et pour toujours, et heureux (ils le sont ici-bas à leur manière). Pourquoi la foi en la vie future a-t-elle diminuée? Tout simplement parce que l'on ne croit pas à l'amour. Un confrère m'a fait remarquer combien Jakob Gapp a le sens du "temps" et il m'a dit qu'il allait essayer d'étudier le fait. Les deux dernières lettres ont un sens profond du temps. "Credo in vitam aeternam, (Je crois en la vie éternelle). Il ne faut que cela, la foi en la vie éternelle, pour produire en notre âme les `lus salutaires sentiments, principalement le détachement du monde, la patience dans les maux, le zèle de la vertu." Jakob Gapp: "Tout passe, sauf le ciel". 13 août 1943. Berlin. Prison de Plötzensee. On vient d’annoncer au condamné Jakob Gapp, prêtre marianiste, que ce soir, à 7 heures, il sera exécuté. Après avoir parlé avec l'aumônier de la prison et reçu une dernière absolution y le viatique, il a demandé du papier à écrire. Nous avons de lui deux lettres: une adressée à sa famille et surtout à son cher frère Joseph; l'autre à sa famille religieuse en la personne du vicaire général de la Société de Marie, le père Jung, qui a été pour lui un vrai père dans la foi. Ces deux lettres sont un vrai trésor, pour l'Église bien sûr, mais surtout pour nous, membres de la Famille Marianiste. En effet, elles sont l'expression d'un aspect du charisme marianiste auquel nous ne prêtons pas trop d'attention, mais qui aujourd'hui est d'une actualité saisissante. Je parle d'un aspect de la méditation sur le Credo, de la "foi du coeur", sur lequel le vénérable Guillaume-Joseph Chaminade insistait souvent et fortement: "Credo in vitam aeternam", "Je crois en la vie éternelle". Le Bienheureux Jakob Gapp, en vrai disciple de Chaminade, a médité cet article de notre foi. Ces lettres sont sa dernière méditation, une méditation "existentielle", car elle est faite à un moment où la question ne se pose pas en termes académiques, mais de vie. "J'ai été condamné à mort pour trahison le 2 juillet, en la fête du Sacré Coeur. L'exécution aura lieu ce soir à 7 heures..." On ne badine pas à ce moment-là. * * * 22 octobre 1819, au soir. Le père Chaminade prêche la retraite annuelle aux premiers marianistes. Jean Baptiste Lalanne prend des notes. Voilà de qu'il écrit en ce dernier jour: "Credo in vitam aeternam. Il ne faut que cela, la foi en la vie éternelle, pour produire en notre âme les plus salutaires sentiments, principalement le détachement du monde, la patience dans les maux, le zèle de la vertu." Ce langage peut nous paraître un peu vieillot, mais sachons bien regarder ce qu'il y a sous ces mots. Des mots qui ont nourri bien des générations de marianistes. La première des dix lettres du père Chaminade à un maître de novices est exclusivement consacrée à ce sujet. Comme tant de religieux, le père Jakob Gapp a été formé à cette école. Il avait souvent répété: "Je crois en la vie éternelle". Et sa vie, et surtout son martyre, sont la confirmation du bien fondé des vues du Fondateur. "Le plus beau jour de ma vie." "Après de pénibles luttes intérieures, j'en suis arrivé à considérer ce jour comme le plus beau de ma vie." La foi en la vie éternelle donne au croyant la véritable échelle des valeurs. Non, il ne méprise pas la vie, il ne méprise pas les biens de ce monde, mais la lumière de l'éternité les met à leur place vraie. "Que ceux donc qui désirent tant trouver le bonheur dans la possession, dans la jouissance des biens, cherchent Dieu! Pourquoi craignons-nous donc tant nous séparer des biens de ce monde, puisqu'en quittant tout, nous trouvons tout?", disait le père Chaminade en 1822. Gapp en fait l'expérience: "Ce soir à 7 heures, j'irais chez mon Sauveur, que j’ai toujours aimé tendrement. Ne soyez pas tristes pour moi! Je suis totalement heureux." Bien sûr, ce bonheur ne va pas de soi: c'est la récompense d'une fidélité, qui à son tour a exigé bien des luttes: "Naturellement, j'ai passé beaucoup d'heures pénibles, mais j'ai pu bien me préparer à la mort". "Maintenant je suis parfaitement heureux". Avons-vous remarqué que les deux lettres de Jakob Gapp sont une méditation sur le temps et l'éternité? Ce temps qui, bien vécu, peut devenir notre manière de participer dès ici-bas à l'éternité... Une méditation aussi sur le bonheur, si recherché aujourd'hui et si peu réussi?... Sans la foi dans "la cité future" du ciel, le bonheur nous glisse entre les mains. Il s'échappe, car le temps qui passe -et si vite!- l'épuise. Et peut-on alors appeler bonheur ce quelque chose sans cesse menacé de mort? Ceux d'entre nos contemporains, qui ne croient pas à la vie future, sont condamnés a vivre dans l'instant. On se réfugie dans de plaisir, qui est le bonheur du moment; ou dans le bien-être, caricature du bonheur, un bonheur extérieur à la personne, et combien fragile!. Le vrai bonheur, lui, est intérieur à l'homme et ne finira jamais. Commencé en ce monde il se poursuivra dans l'éternité: "Le 13 août 1920, j'ai commencé mon noviciat, la plus belle année de ma vie, et aujourd'hui j'espère pouvoir commencer la vie de l'éternité bienheureuse". "J'ai été condamné comme traître à mon pays." La vie de l'au-delà donne un sens à la vie présente, Vatican II nous le rappelle. Mais curieusement, au lendemain du Concile et son nom, nous avons souvent entendu dire que les chrétiens, -religieux inclus-, nous regardions trop vers le ciel; et qu'il fallait, surtout et avant tout, regarder vers la terre. Bien sûr, il y a une certaine manière malsaine de regarder vers le ciel. Mais, l'homme de foi en la vie éternelle est précisément l'homme du présent. Un présent qui n'est pas interprété au goût du moment, des modes, des courants d’opinion. Une vision terre à terre du national-socialisme invitait à un optimisme humain: "On n'a plus de chômage, on a construit des autoroutes, le peuple allemand a récupéré sa dignité bafouée, etc.etc." Si le père Jakob Gapp a pu discerner tout le venin du national-socialisme, à un moment où tant de personnes se laissaient prendre au piège de l'humain, du terre à terre, c'est parce qu'il a su lire le présent à la lumière de l'éternel. Il répond ainsi à ses juges: "Bien qu'une grande tristesse m'envahisse en pensant au destin du peuple allemand si celui-ci est vaincu par ses ennemis, je suis cependant convaincu que la victoire du national-socialisme causerait davantage de tort au peuple allemand qu'une victoire anglaise, à condition que l'on garantisse alors la liberté de religion et de conscience. Je ne crois pas que la prétendue liberté invoquée pour légitimer l'erreur et la malhonnêteté en soit réellement une. Une seule chose m'importe dans tout cela: que les hommes puissent parvenir librement au salut éternel". Au salut éternel, dit Jakob Gapp... "Croyons en la vie éternelle. Soyons donc attentifs à réveiller ainsi notre foi sur les autres grandes vérités du salut, et nous courrons dans les voies de Dieu, et ainsi rien plus ne nous y arrêtera." Ces paroles du père Chaminade se sont faites vie chez notre Bienheureux: rien n'a pu l'arrêter, ni les menaces, ni la mort. "Tout passe, il n'y a que le ciel qui reste!", écrit-il à son frère. Quelle force dans ces simples mots! Car la mort n'est rien, seulement un passage vers la vie. Et il ajoute: "Nous nous y reverrons et alors il n'y aura plus de séparation possible!". Je crains que, même aujourd'hui, il ne serait pas trop compris par les partisans du regard vers la terre. * * * Le temps est notre manière -imparfaite bien sûr- de participer à l’éternité. Et l’éternité est en quelque sorte inscrite au plus profond du coeur humain. C'est cet éternel qui donne un sens à la vie, à la dignité de la personne, au désir de justice, à la construction d'un monde meilleur... Et surtout à l'amour. Si tant de nos contemporains ne croient plus à la vie de "la cité future" c'est parce qu'ils ont perdu le sens de l'amour; et ils ont perdu le sens de l'amour parce qu'ils ne regardent plus vers le ciel. N'avons-nous pas trop oublié cet article fondamental de notre foi dans notre vie personnelle, mais surtout dans notre catéchèse? Parlons-nous du ciel? "Ma foi catholique vaut pour moi plus que tout autre bien de ce monde", dit Jakob Gapp. Et cette foi l'a porté à s'occuper des chômeurs, des affamés, et de donner sa vie pour son peuple. José María Salaverri sm |
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#6 |
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Daniel Pajuelo Vázquez
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Bienheureux JAKOB GAPP: INVITATION À LA CLAIRVOYANCE ET AU COURAGE. La récente béatification de notre Jakob Gapp n'est pas seulement un motif de joie et de fierté pour toute la Famille Marianiste, elle est aussi une invitation à la clairvoyance. Oui, j'ai bien dit, à la clairvoyance. Car être clairvoyant n'est pas du tout facile. Sommes-nous clairvoyants? Peut-être me direz-vous: "Bien sûr, c'est clair: le nazisme est non seulement une erreur, mais un retour à la barbarie. Et ces groupes neo-nazis sont un danger..." ¡Mais non, je ne parle pas de cela! C'est vrai qu'il ne faut pas oublier l'histoire, sinon on est condamné à répéter les erreurs du passé. Mais les clairvoyances rétrospectives sont un peu trop faciles... Surtout si elles nous donnent bonne conscience. Nous avons en espagnol un dicton, qui date du Moyen Âge lors de la lutte contre l'invasion musulmane: "A moro muerto, gran lanzada". C'est à dire -et je m'excuse de la traduction 'cacophonique'-: "À maure mort, grand coup de lance". Oui, c'est facile être clairvoyant après coup et pourfendre des idéologies dépassées, même si elles se déguisent d'actualité. Quand on lit la biographie de Jakob Gapp, nous nous demandons comment des millions de personnes ont pu suivre une doctrine aussi perverse que le nazisme, et secrètement nous sommes persuadés que si nous avions vécu ces temps-la nous n'aurions jamais été nazis. Mais, est-ce sûr? Car c'est dans l'aujourd'hui que nous devons être clairvoyants... et, en fait, nous avalons souvent des couleuvres contemporaines. Le cheminement de Jakob Gapp. Jakob Gapp avait dû se débarrasser pendant ses premières années de vie religieuse (1920-1922) de certaines erreurs, séquelles d'un socialisme marxiste utopique. L'espoir de justice sociale suscité par le triomphe de la révolution soviétique de 1917 avait un moment séduit sa générosité naturelle. Il purifia ses vues trop "à la mode", grâce à l'esprit de foi et son attachement aux enseignements de l'Eglise. Cette purification ne fit que confirmer son enthousiasme pour la justice sociale et intensifier son amour pratique envers les pauvres. Quand le nazisme commençait à séduire les masses germaniques, le père Gapp se trouvait au séminaire (1926-1930). Il se mit à étudier ce mouvement, et son sens de Dieu y trouva quelque chose de louche. Le succès d'Hitler pour enrayer le chômage, les grands travaux publics entrepris par le régime, la mobilisation de masses enthousiastes, les slogans à l'emporte-pièce... tout cela ne le séduit pas. Il étudie le "Mein Kampf" d'Hitler et "Le mythe du vingtième siècle" de Rosenberg. Et pour lui, c'est clair: "J'aboutis à la conviction irrévocable que national-socialisme et foi catholique étaient incompatibles", dira-t-il à Berlin. Il sera heureux quand le Pape Pie XI publie l'Encyclique "Mit brennender Sorge" (1937), dénonçant les doctrines racistes, et antichrétiennes du nacional-socialisme. Clairvoyance et courage. Il souffre à Bordeaux (1939) quand les français, qui, bien sûr, sont anti-nazis, ne savent pas distinguer doctrines national-socialistes et peuple allemand. Il souffre en Espagne (1939-1942) quand les espagnols qui sont pro-allemands, ne savent pas faire la distinction entre l'Allemagne et le nazisme. "Les espagnols ne sont pas des experts en cette espèce de démons", écrira-t-il. D'ailleurs, la censure ne leur permettait pas d'en savoir beaucoup plus. Les grands amours de Jakob Gapp ce sont le Christ, Marie, l'Église, le Pape, les pauvres, les chrétiens -surtout ceux de chez lui- en danger de perdre leur foi, trompés par la mode et la propagande nazies... A Berlin, il déclarera sans peur: "Pour moi, au-dessus de toute patrie il ya ma foi catholique". "Il me paraissait absurde que le peuple espagnol, si catholique, puisse suivre aveuglément l'Allemagne nazie". Non, lui n'était pas aveugle. En 1942, à Valencia, il a l'occasion de lire un livre qui le confirme dans ses convictions. C'est "Hitler m'a dit" ("Gespräche mit Hitler"), de Hermann Rauschning, un ex-nazi, président du Sénat de la Ville Libre de Dantzig, qui en tant que tel avait eu accès à l'intimité d' Hitler, et qui, délivré de son aveuglement, voulait faire connaître au monde la véritable pensée du Führer. Il y a là un chapitre (le IV dans l'édition française récemment republiée) lumineux, et au titre révélateur -L'Antéchrist (sic)-. Là Jakob Gapp peut lire qu'Hitler est du même avis que lui: "On est ou bien chrétien ou bien allemand, mais on ne peut être les deux à la fois". Bien sûr, Hitler disait allemand, mais voulait dire nazi. Dans ce livre révélateur, il y a de nombreuses affirmations qui vont se trouver confirmées dans la vie du père Gapp. Lisez sinon ces quelques lignes: "Je suis catholique, disait Hitler, et (...) seul un catholique connaît les points faibles de l'Eglise. Je sais de quelle manière on peut attaquer ces gens-là (...) Si toutefois ils veulent entamer la lutte, je n'en ferai certainement pas des martyrs. Je me contenterai de les dénoncer comme de vulgaires criminels. Je leur arracherais du visage leur masque de respectabilité. Et si cela ne suffit pas, je les rendrais ridicules et méprisables..." Après avoir cité ces propos d'Hitler, Rauschning ajoute: "A l'époque où j'entendis cette conversation, j'ai d'abord cru qu'il s'agissait de simples vantardises (...) Je me suis rappelé ces propos quand on a poursuivi plus tard les prêtres catholiques pour trafic de devises ou pour attentat aux moeurs". A Reutte (octobre 1937), Jakob Gapp en su quelque chose. L'extermination de tout ce qui est chrétien. A Berlin, Jakob Gapp sera aussi accusé d'avoir fait connaître ce "livre du traître Rauschning". Ce chapitre terminait avec cet avertissement terrible: "Méthodiquement, scientifiquement, avec une logique inflexible, on a entrepris la lutte d'extermination contre tout ce qui était chrétien en Allemagne". Toute cette stratégie astucieuse et sournoise que révèle le livre de Rauschning, Jakob avait su la voir. Cette lecture ne fit que le confirmer dans ses convictions. Ce désir d'extermination de tout ce qui est chrétien est aujourd'hui d'actualité. Chez nous, aujourd'hui, dans nos pays démocratiques. Je pensais à Gapp en lisant dans "Le point" du 21 septembre 1996, ce passage du "Le bloc-notes de Bernard-Henri Lévy": "Pourquoi tant de haine contre le pape? demandait Gérard Leclerc dans son dernier livre. Il a raison. En face de l'actuel déferlement de papophobie on a envie de rappeler quelques évidences. La première: ce pape 'réactionnaire' contre lequel prétendent se lever tant de hérauts de la liberté est l'un des hommes les plus libres de l'Europe contemporaine -celui à qui elle doit, cette Europe, un peu de sa liberté retrouvée. La deuxième: en prenant les positions que l'on sait sur la contraception, l'avortement et les moeurs, il est dans sa fonction de pape -il ne demande à personne d'être catholique mais, à ceux qui ont fait le choix de l'être et à eux seuls, il rappelle le sens de ce choix, les principes qui le guident et les conséquences qu'il implique. La troisième: qu'il y ait un lieu en ce monde, ou en tous cas dans nos sociétés où continue d'être dit que la condition humaine ne peut pas faire l'impasse sur la question du mal, du péché, de l'interdit, qu'il se trouve une poignée d'hommes et, parmi eux, un pape pour rappeler que l'espèce ne fera jamais complètement l'économie de sa part noire ou maudite, est peut-être difficile à entendre, -ce n'en est pas moins une bonne nouvelle parce que c'est un gage de civilisation et un rempart contre la barbarie. Merci au pape d'exister. Merci, par-delà l'anecdote et les péripéties de la grotesque 'affaire Clovis', de jouer son rôle de pape." Une citation un peu longue, mais en son temps Jakob Gapp avait su se trouver "parmi la poignée d'hommes et, parmi eux un pape", d'abord Pie XI et ensuite Pie XII, qui "ont été gage de civilisation et rempart contre la barbarie". Â notre tour maintenant de faire de même dans nos sociétés, libres oui, mais où la pression des mass médias, de la mode, de la peur de ne pas aller "dans le sens de l'histoire" ou du "progrès", peut nous porter à perdre la clairvoyance de la foi, nous faire dire de lâches "oui, mais..." à l'encontre du pape, et finalement nous aligner dans le troupeau des tièdes, incapables de ramer contre-courant. "Il me semble, écrivait Jakob Gapp en décembre 1939, qu'il faut savoir exprimer ses convictions comme des convictions et non comme de simples opinions, Si j'hésite et que je cède à la moindre résistance, alors je n'ai pas des convictions mais seulement des opinions, des doutes". Et devant ses juges à Berlin: "J'ai conscience qu'il doit y avoir un certain nombre de prêtres et de fidèles catholiques qui, en négligeant tout intérêt terrestre, cherchent à témoigner de la vérité catholique. J'aurais toujours dû me faire le reproche de lâcheté, de faiblesse et de compromission si je n'avait pas agi comme j'ai agi." Voila en résumé le message de Gapp pour nous: clairvoyance, droiture, courage. Et avoir aussi le courage de s'en remettre entre les mains du Seigneur qui connaît notre petitesse. José María Salaverri sm |
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Daniel Pajuelo Vázquez
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